martes, 15 de diciembre de 2020

EL JOYERO DE CARLA

  EL JOYERO DE CARLA
      -MOISÉS GONZÁLEZ MUÑOZ-   

Moisés González Muñoz, abulense de Salobralejo (Muñogalindo), miembro de la Asociación de Novelistas «La Sombra del Ciprés», ya nos emocionó con su anterior novela «Candiles para Lucía». Esta que hoy comento, EL JOYERO DE CARLA, es una joya en sí misma. Contiene una trama urdida en diferentes pretéritos, con una rica variedad de escenarios, donde el lector se acomoda como si hubiese vivido siempre en ellos. Ahonda en el comportamiento humano desvelando diversidad de intenciones, unas veces innatas y otras provocadas por las circunstancias.

Desde la oscuridad de la última luz del bisabuelo Javier, Carla se las ingenia para narrar el acontecer de un pasado convulso lleno de servidumbre, miseria, contrariedad y desgracia. Desentraña la vida de las gentes de un pueblo de Castilla en los años veinte del siglo pasado, recogiendo las penalidades de la Guerra Civil, de la posguerra y de una multitud de avatares y sufrimientos derivados de situaciones que, aunque nadie quería recordar, estaban presentes, grabadas con dolor, en los rincones de sus memorias.

Moisés González no solo narra esto en EL JOYERO DE CARLA. No. Hay mucho más. Más de un centenar de personajes, incluida la perrita Linda, el viejo mastín Barbas y la yegua Estrella, configuran un cúmulo de relaciones que dejan al descubierto la idiosincrasia sorprendente de los actores principales.  En su convivencia fluye amor y ternura, generosidad y entrega, pero también odio y maldad, traición y venganza. Todo ello narrado con un ritmo intenso. Cada capítulo, por no decir cada página, nos asombra con un aprieto inesperado. Y lo mejor, cada uno de estos bretes está relacionado con un pasaje anterior o con otro suceso cercano en el devenir de la lectura, engrosando así la importancia y solidez de un argumento cuya intriga crece a cada verbo.

Como bien puede suponerse, esos detalles atractivos consiguen que el lector solo piense en leer sin descanso EL JOYERO DE CARLA. Lejos de un mínimo relax narrativo, el interés crece por momentos, tanto que incomoda cerrar el libro, aunque sea para cenar o irnos al cine. Así hasta llegar a un final que pone el broche sorprendente en el temperamento y en el latir de los participantes.

El estilo narrativo de Moisés González Muñoz es sobrio, eficaz, sencillo y capaz de desentrañar la complejidad, a donde nos transporta cada conflicto del argumento planteado. Con las mismas premisas de efectividad desarrolla la psicología de los protagonistas y relacionados, y pinta de colores los entornos paisajísticos donde fluye la acción. Una acción variada, con una armonía embaucadora y un significado conmovedor, con trascendencia feliz, unas veces, y de angustia otras.

Con todo esto y un cúmulo de inflexiones, que no voy a desvelar, el autor nos hace suyos, no solo mientras leemos su obra, también después. EL JOYERO DE CARLA es una novela de lectura imprescindible. Produce huellas profundas, tan marcadas que nos hará recordar sus ficciones, cimentadas en la realidad, como uno de los textos literarios que más hemos disfrutado.                        
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lunes, 9 de noviembre de 2020

JÓVENES JUSTICIEROS

 

 JÓVENES JUSTICIEROS
(Ed. CÍRCULO ROJO. 2019)
Una novela realista llena de fantasía, de
CARLOS DEL SOLO.

El año pasado, atendiendo la petición de Cruz Roja Española, asamblea local de El Barraco, presenté JÓVENES JUSTICIEROS en dicha localidad. Mi pueblo. Para ello tuve que leer el libro, no sé hacerlo de otra manera. Me gustó. Acabo de releerlo, y quiero compartir las conclusiones de un análisis reposado, sin condicionantes promocionales.

El autor de la obra, Carlos del Solo, es numerario de la Asociación de Novelistas «La Sombra del Ciprés» y, como voluntario de Cruz Roja en Ávila, dirige un taller literario. Se distingue por su dedicación a la escritura creativa, con óptimos resultados de calidad. Además de esta obra que hoy comento, ha publicado con anterioridad «El Cid Campeador. Simplemente Rodrigo» y «Enrique IV de Castilla. El último rey medieval». Novelas históricas donde muestra su cultura y dotes artísticas, con tramas emocionantes y personajes bien identificados psicológicamente, relacionados con su época.  

JÓVENES JUSTICIEROS, es una novela o un relato —si se prefiere— de diez capítulos. Está ilustrada por el joven dibujante Juan Montávez, quien asegura que en todos los dibujos hay una mosca; esto es solo una anécdota, pero hay que explorar y encontrarla. Lo que no es necesario buscar es la originalidad, la imaginación y la sonrisa que produce cada frase.

Esas premisas realistas, de vida, de historia y de momentos presentes, surgen en conversaciones espontáneas, consecuencia de investigar sobre lo que no está bien en la ciudad. Tales situaciones son comentadas con espíritu crítico, y constructivo a la vez, por Cecilio, Pilar, Eufe, Flori, Marce, Pili, Isa, Juli, Nati, Feli… La conclusión y posibles soluciones que ellos proponen, constituyen los elementos con los que Carlos, valiéndose de una actitud docta y atenta, ensambla con destreza y maestría pasajes llenos de arte literario. Un arte que convierte a esos personajes de carne y hueso en actores de ficción, capaces de llevarnos a situaciones sorprendentes, atractivas y tintadas de humor.

Estas narraciones, transmitidas con un lenguaje sencillo, asequible para todos los públicos, de 9 a 99 años dice el autor, suscitan siempre el aplauso en quien lee, pues estimula los ánimos ante el propósito que surge entre los personajes para acabar con los malhechores de la ciudad, valiéndose de pócimas y apariencias medievales. Bien mirado, es un ejemplo que todos podríamos seguir para convertir nuestro entorno en un lugar más confortable y seductor.

JÓVENES JUSTICIEROS, de Carlos del Solo, es una obra fantástica, construida con un material envuelto en ficción, pero verosímil e inteligible para quien quiera gozar de historias que nacen, crecen y terminan como no fue, pero pudo haber sido.

Los detalles citados invitan a analizar con detenimiento esta obra especial. En ese análisis, que me ha deleitado de forma insólita, he podido comprobar que su universo intelectual es lo suficientemente atractivo como para no perderse nada de lo que en él se expone. A quienes gustan de las técnicas narrativas debo decirles que sus textos impactan, crean la necesidad de seguir leyendo, sin perderse una línea ni un concepto hasta el desenlace. Este siempre sorprende, sin perder la coherencia con la exposición y el nudo.

Otra exquisitez importante que da categoría a JÓVENES JUSTICIEROS es que aporta con claridad las respuestas al cuestionario de la brillantez que requiere la narrativa de calidad: ¿Quién es el protagonista? ¿Qué ocurre? ¿Por qué? ¿Dónde, cómo y cuándo suceden los hechos? A estas excelencias se unen la peculiaridad argumental, la concreción explicativa, el uso de verbos con movimiento y las descripciones imprescindibles, solo las justas, para no alterar el ritmo.

Este libro es todo sustancia, con elocuencias que determinan lo bien que escribe Carlos del Solo. Valiéndose de recursos efectivos, construye fabulaciones capaces de conseguir que el lector se identifique, como un justiciero más, con los intérpretes de la acción; una acción cimentada en el devenir cotidiano, ambientado en medios urbanos próximos, ¡de Ávila, sin ir más lejos!, ungidos con colores de belleza y emoción, propios de una Literatura digna de nota sobresaliente. Leedlo, os va a gustar.

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Un cuento  o

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martes, 31 de marzo de 2020

LOS MOLINOS DEL ANTIGUO CONCEJO BARRAQUEÑO

Portada del libro

LOS MOLINOS DEL ANTIGUO CONCEJO BARRAQUEÑO, es el décimo libro sobre la historia de El Barraco, escrito por José Antonio Somoza Arribas.
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José Antonio Somoza Arribas, como buen maestro, nos ha servido, con exposición enciclopédica el contenido de diez libros sobre El Barraco, relativos a los antecedentes de su historia, usos y costumbres, retratos y estampas, las cofradías, genealogía del apellido Somoza, historia de la Sociedad Monte Encinar y sus propiedades, historia de las calles, indumentaria y joyería, Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, y este que expongo en este espacio, titulado LOS MOLINOS DEL ANTIGUO CONCEJO BARRAQUEÑO.

Con este último tomo de la colección, José Antonio Somoza, enamorado de todo lo concerniente a su pueblo, nos lleva con mano magistral por nuevas encrucijadas de la historia, desde que El Barraco empezó a ser lo que es. Los primeros pobladores, igual que nosotros ahora, tuvieron la necesidad de alimentarse. Un alimento básico de siempre es el pan, producto que a pesar de las centurias transcurridas no necesita actualizar su descripción. No obstante, el paso del tiempo, como bien explica el autor, ha ido marcando los ritmos de su elaboración. En ese proceso, lo más importante es la materia prima: ¡la harina!, conseguida con la molturación de los cereales aptos para el consumo humano, como el trigo y el centeno. Pero no nos olvidemos de los piensos con que se alimentaba parte de la ganadería, sobre todo la estabulada.

Los molinos fueron de importancia capital para convertir el grano en esa harina con la que se amasaría el pan, pastas para fideos y similares, dulces y otros. En cada región los molinos funcionaban con la energía producida por los distintos elementos naturales. Aquí predominaron los hidráulicos, levantados en la garganta de la Yerma, en las riberas del Alberche o en otros lugares donde existía el discurrir acuífero. Luego, a principios del siglo XX, se construyeron molinos eléctricos, en menor cantidad y permanencia que los de agua.

José Antonio Somoza Arribas nos guía en una visita virtual por casi los veinticinco molinos censados en el concejo barraqueño para instruirnos sobre sus formas,  estructuras, disposición interna, maquinaria, conservación y tareas para mantener en funcionamiento las instalaciones: la canalización del agua hasta las balsas, el picado de las piedras y cuidados de los rodeznos. Con la misma precisión, nos descubre las distintas fórmulas de explotación de los negocios maquileros,  desde el punto de vista de los variados modos de propiedad y distribución de utilidad y beneficios.

Esa dedicación ha hecho posible la publicación de este libro. Sus páginas nos acercan al ordenamiento jurídico y político de cada época.  Todos, en mayor o menor medida, habremos oído hablar del estraperlo, del racionamiento. La producción de trigo y centeno para harinas panificables estaba controlada por el Servicio Nacional del Trigo. Los funcionarios de la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes, conocidos como los de Abastos, inspeccionaban, mediante visitas inesperadas a los molinos, las cantidades que se trituraban para el consumo familiar, vigilando que no superaran las cuantías declaradas, por las que previamente el agricultor tributaba en especie.   

Como fácilmente se puede entender, los molinos expuestos por José Antonio Somoza no solo nos transmiten las características de la actividad molinera, también nos ilustran sobre el costumbrismo de los pueblos en diferentes ciclos históricos. Los primeros molinos de agua que se pusieron en marcha en el concejo datan del siglo XII, y persistieron en los entornos propicios hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo XX. Los eléctricos subsistieron unas décadas más. Unos y otros molturaron en su permanencia muchas fanegas de grano, y su producto estuvo presente en todos los hogares y explotaciones ganaderas. El receso de la producción agrícola y la instalación de modernas fábricas de harinas y piensos compuestos pusieron el punto final a nuestros molinos.

¡Ya no hay molinos! Sus piedras, sus ruedas, sus muelas han dejado de dar vueltas con la fuerza del agua y la energía eléctrica, pero hoy vuelven ante nosotros de la mano de José Antonio Somoza Arribas, a quien reiteramos nuestro agradecimiento con el vigor que merece la edición de este tomo, que, unido al conjunto de su obra publicada, aumenta el conocimiento de nuestra propia historia, con el sello de un valor cultural incalculable para cualquier lector, y sobre todo para los amantes de nuestras raíces, de nuestro pueblo, de El Barraco.
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viernes, 16 de agosto de 2019

GORRIONES DE PIEDRA


GORRIONES DE PIEDRA 
-NOVELA-
DE BEGOÑA ROLDÁN JUEZ
(Ed. Bubok Publishing, S.L.)
Partiendo de una idea inverosímil —los muertos tienen vida y hablan—, la autora fabula con éxito un universo probable, asumido como un mundo real. Esa ficción efectiva, construida con recursos seductores, hace que el lector se vea inmerso, como un personaje más, en una gesta cuajada de imposibles. No obstante, línea tras línea, esos hechos impracticables se convierten en lo contrario: actividades habituales en un mundo familiar.
Sobre unos cimientos fantásticos, Begoña Roldán Juez talla con primor Gorriones de piedra para construir una estructura sólida y atractiva, gracias a significados concretos, cercanos y comprensibles por cualquier destinatario lector. Con el mismo acierto utiliza la diversidad de puntos de vista: narradores diferentes, con alternancia de tiempos verbales, voz y, por consiguiente, tono. Sin embargo, mantiene la forma y la uniformidad del tema elegido.
Antes de seguir quiero subrayar, en favor de la obra, su contenido enriquecedor de concepciones sobre los principios de los seres y las cosas, sobre el conocimiento, sobre el significado y el lugar del hombre en el cosmos. Dicho así no parece importante, pero lo es por las reflexiones que suscitan. Como ejemplo, sirvan estas frases que trascribo: «Cuando la convivencia es larga siempre aparece algún defectillo / La muerte muchas veces es la forma más sublime de amor eterno».
A lo largo de veinticinco capítulos con autonomía narrativa, cual relatos independientes, conviven la vida y la muerte. Ambas constituyen el cuerpo y el alma de esta novela: protagonismo compartido entre el que es y el que fue, ambientación diversa llena de luz o de oscuridad, y el tiempo escénico actual, pasado y futuro.
Sumidos en ese mundo de vivos y muertos, vamos a encontrar el regalo de muchos alivios que nos ayudarán a ver el camino final como algo normal, sin el grado de dolencia y temor con que lo concebíamos hasta ahora. Entre otras cosas, porque Begoña nos muestra, de forma sutil, que después de la muerte hay vida, o que la muerte, interpretada como sujeto, también vive.
Literariamente, las superficies más altas y los fondos más subterráneos están habitados por el ser y el no ser. En ambos espacios deambulan conflictos palpitantes, como es el amor, sinónimo de vida y sus consecuencias, y el desamor, metáfora de la quietud y el silencio lapidario en ese mundo de nada. ¡Y todo!, pues el lector se va a erigir en un protagonista más en una trama donde no falta la pasión, el crimen, la traición, el misterio, la intriga..., y lo que esto lleva consigo.
Los personajes —una treintena— están bien caracterizados, tanto en su apariencia física como en la psicológica. Así, con esa identificación personal, a veces (in)humana, se presentan al lector con actitudes creíbles que favorecen la empatía.
Los diálogos se distinguen por su naturalidad. Valiéndose de tales actos cotidianos, la autora transmite con eficacia conceptos claros y filosóficos acerca de la calidad —esencia y opción— del ser humano, su comportamiento y posición ante la vida de los muertos. Lo mismo hay que decir de estos ante la muerte de los vivos. ¡Profundo y original!
Las descripciones son suficientes, equilibradas. No existe el “placer” fácil de la abundancia. Práctica frecuente que, para despiste y posible aburrimiento del lector, paraliza el ritmo y la acción. Los Gorriones de piedra ofrecen una lectura fluida. La historia progresa sembrando en cada párrafo el interés deseado.
A este comentario, donde los aplausos creo que se oyen sin ningún esfuerzo, hay que añadir un detalle más. Se agradecen las dotes de comunicación de Begoña Roldán, pues escribe con un estilo directo, ameno y perceptible. Estos detalles autorizan a asegurar que «es un libro de interpretación y lectura sencillas». Sí, pero a eso se llega cuando el autor se somete al trabajo más difícil después de la creación: revisión gramatical exhaustiva, afrontada con el fin de relacionar las palabras adecuadas, no solo bonitas sino también exactas, inteligibles y con la idiosincrasia propia de los personajes que hablan. Eso y más, hasta llegar a un final coherente, brilla en esta novela que recomiendo porque me ha encantado leer, y porque he visto en ella que el amor también existe en el barrio al que no queremos ir.
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martes, 26 de marzo de 2019

PRESENTACIÓN DE MI LIBRO "CUENTOS ARTESANOS"

Portada del libro.

Quiero expresar el agradecimiento que debo por tantas atenciones recibidas.  Si mi acreedora principal es la Literatura, por los gozos que me da en solitario, eso es nada comparado con el calor que recibo cuando nos encontramos y hablamos, cuando nos comunicamos a través de cualquier medio o coincidimos en eventos como a los que hoy me refiero. 
Mi gratitud a la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, al Excmo. Ayuntamiento de El Barraco y al Excmo. Ayuntamiento de Ávila, que han abierto sus puertas a mi libro para celebrar en sus instalaciones el acto de presentación, en distintas fechas y con distintos presentadores: Emilio Porta y Valeriano Franco, en Madrid; José María Manso González y José Antonio Somoza, en El Barraco; Sonsoles Sánchez-Reyes, Cristóbal Medina e Ismael López Martín, en Ávila. Excelentes pregoneros que me arroparon con su cariño y generosidad.
Con la misma firmeza y entusiasmo quiero reconocer las deferencias recibidas  de Editorial Atlantis. Una vez más ha confiado en mí, dispensando a CUENTOS ARTESANOS, volumen que hoy presentamos, un trato de calidad exquisita. Lo mismo he de decir de mi amigo Carmelo Camargo Martín, lector y crítico constructivo, y de Librería Letras, que comercializa el libro, dirigida por Gemma y Belén, Belén y Gemma.
Presentación en Madrid. AEAE (22-10-18)
En esta exposición de reconocimientos no puedo olvidarme de mis maestros, de los que tanto he aprendido acerca del arte de narrar y, sobre todo, a amar la creación literaria. Ellos son: doña Encarna Jiménez; don Leopoldo Sánchez de la Cueva, poeta abulense que firmaba sus poemas con el seudónimo «El Caballero del Arco Mariscal»;  don Jesús Estévez y don Ramiro Pato. Aunque ya no están entre nosotros, siguen vivos en mí, pues me enseñaron las primeras letras, y los recuerdo cada día.
Siempre tendré presentes a mis compañeros de letras, muchos de ellos numerarios de La Sombra del Ciprés y de Escritores en Red Asociación de Bradomín, autores de obras que leo con avidez. De sus genialidades y estilos también aprendo. Aprendo asimismo de las charlas que mantengo con mis coetáneos cuando recordamos vivencias de antaño, entonces reales, ahora pintadas con los colores ficticios de la imaginación.  Esas percepciones me animan a plasmar en el papel historias inolvidables, por muy lejanas que parezcan.
Presentación en Madrid, con amigos incondicionales (22-10-18).
 Gracias de corazón a todos los que me acompañaron en las presentaciones y a los que no pudieron ir. Unos y otros me arropan con afecto y ánimo continuo. Además, vaya desde aquí mi gratitud, nunca suficiente, a mis mujeres, las mencionadas en la dedicatoria impresa del libro, Begoña, Estíbaliz, Beatriz y Nerea.
 Sí. Ya sé que alguien estará esperando que hable del volumen anunciado. Pero es lo que he hecho desde el principio. Sin los personajes que he citado con nombre propio, y la presencia memorizada de todos los demás, este libro sería nada.  No existiría. Por otra parte, creo que quienes deben hablar de su contenido son los lectores. Cuando lo lean tendrán un juicio particular, favorable o contrario, más objetivo que el mío, que, como es lógico, será interesado.
Salón de la AEAE, lleno (22-10-18).
Seguro que alguno se habrá preguntado por qué esto de CUENTOS ARTESANOS. Muy fácil. He querido titularlo así porque este libro es el resultado de un esmero íntegro, tanto en la temática de cada relato como en la composición narrativa.  Lo primero que hice fue divertirme ideando situaciones que, tal vez sin quererlas para mí, me transmitían ambientes y hechos reales: de crítica y denuncia, de desafecto y traición, de solidaridad y entrega. Luego, tras el entramado borroso de la primera versión, tuve que afrontar lo más difícil: encontrar un estilo fácil y verosímil.  
Presentación en el Excmo. Ayuntamiento de El Barraco (12-11-18).
Envuelto en esa preocupación fui buscando la estructura del cuento clásico. Un principio donde presentar al protagonista y el problema planteado; un núcleo donde el personaje principal, con dificultades o ayudas, se enfrenta a ese conflicto; y un desenlace coherente, cerrado o acotado por indicios, donde el protagonista vence el trance o asume el fracaso ante un imposible. En esa construcción he procurado retratar con palabras los gestos de los intervinientes, mantener la cadencia desde un punto de vista único, describir lo menos posible para no interrumpir la acción ni distraer al lector, destinatario del texto y merecedor de una dedicación profunda para agradarle y mantenerle unido a cada historia.
Presentación en Ávila, en el Episcopio (17-1-19).
Eso me exigió tachar y reescribir muchas veces, en un intento constante de mejorar cada pieza. La artesanía es así, y así me enfrentaba a nuevas revisiones, sometiéndome a un autoexamen, exigente, en el que casi siempre me suspendía, pues estaba seguro de que mi producción podía mejorar. Durante muchas lunas alimenté en mí esa inquietud, casi decepcionante. Pero un día me di por vencido: acabé dando la razón al insigne maestro Thomas Mann, que decía algo así como: «El escritor es una persona normal, a la que le cuesta escribir más que al resto de los mortales». 
Diario de Ávila
Con ese convencimiento, o escusa si se prefiere, puse el punto final a este libro que reúne treinta y cinco historias adultas, independientes, con distintos protagonistas,  distintas tramas, distintos narradores y, por supuesto, diferentes desenlaces. Sí están unidas por una línea común: la circunstancia de la vida, más de ayer que de hoy, vista en cuatro espacios: el fracaso como prólogo del éxito, las consecuencias de la educación, el amor con sus cumbres y sus valles, y la amistad. En todos ellos hay penas y alegrías, aunque siempre recordemos las satisfacciones, por más que el sufrimiento sea un gran educador.
Dichos desvelos me han retenido en mi taller de palabras hasta conseguir que estos CUENTOS ARTESANOS llegaran a los canales de distribución tan labrados como merece quien paga por un trabajo bien hecho. No sé si lo habré conseguido. Eso lo dirá el lector. Sus opiniones, que agradeceré siempre, me ayudarán a corregir las formas imprecisas. Eso espero, pues, como dice la última frase del libro, «Todos nos necesitamos». Yo estaré en deuda permanente por  tener la influencia de tantas almas, las de ustedes, amigos y lectores, que me ayudan a transitar estos mundos: el de ficción y el otro, el real. 
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jueves, 31 de mayo de 2018

LO DEMÁS ES COSA VANA

Novela histórica del autor abulense Cristóbal Medina, presidente de la Asociación de Novelistas “La Sombra del Ciprés”. 
El pasado día 28 de mayo abrió el club de lectura “Ávila, ciudad que lee”.  El acto tuvo lugar en la capital abulense, en el Episcopio. Allí quedó demostrado el gran éxito de la obra entre los lectores, que mantuvieron con el autor un coloquio abierto y rico en saber y materia narrativa, en relación con el contenido de la trama. 
La sala, abarrotada.
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LO DEMÁS ES COSA VANA (631 páginas. Chiado Editorial) reúne todos los requisitos de la buena literatura. Por eso, entre otras virtudes, el libro atrapa desde el principio al lector. Su estructura es cronológica, la acción avanza basándose en hechos precedentes que, a su vez, son consecuencia de exposiciones que anteceden.

Ambientada en el siglo XVI, el narrador, omnisciente en tercera persona, nos muestra la vida, el mundo, de aquella época. Las etapas y  singladuras desde Ávila hasta América, pasando por la Mancha y Andalucía, no podían acabar sin hacernos partícipes de la conquista de las Indias, algo lejano pero próximo y familiar para los españoles.

El suspense surge en los primeros párrafos, gracias a una acción trepidante, sin tregua, y gracias también a un entramado lleno de perspectivas que generan nuevos problemas, dudas y necesidades. Todas coherentes. Al margen del léxico que exige la época, —por cierto, un léxico erudito que demuestra la cultura del autor— el texto está escrito con naturalidad y concreción. Las acciones no se cuentan, se evidencian. El contenido es intenso. A través de las extraordinarias descripciones físicas de los personajes, lugares y situaciones, el lector ve, oye, palpa. En muchos capítulos nos recuerda los estilos de Ken Follett e Ildefonso Falcones.  

Después de este breve comentario sobre la construcción y emplazamiento del conflicto, no podemos obviar aquello que proporciona emoción al relato. Desde mi punto de vista, y creo que así debe ser en toda obra de ficción impregnada de realismo, aquí juegan un papel importante la presentación de los personajes y su intervención en la historia.  

De una nómina de casi cien intérpretes voy a referirme a  los personajes principales: Bartolomé, Martín, Inés, Rodrigo, Gonzalo, Sol, María, los matrimonios Dávila y Del Castillo… Están identificados magistralmente. Tal es así, que, con los gestos, los diálogos y los movimientos representados, transmiten al lector sus intenciones y sentimientos. Son tan vivos esos detalles y están tan bien plasmados, que quien lee se mete en la vida de los protagonistas: camina sobre sus huellas, sufre sus fracasos y se alegra cuando superan la adversidad; en muchas ocasiones hasta piensa por ellos y los echa de menos cuando, en América, ya avanzada la trama, ceden presencia a los autores de los encuentros bélicos en las distintas conquistas. Cuando surge esta empatía, no cabe duda de que estamos ante una obra de premio. Esta lo es.  

Cristóbal Medina nos deja claro que su obra es una novela histórica, no historia novelada. No importa. Personalmente, he sentido la necesidad de apoyarme en la ficción que él narra para llegar a  la realidad del siglo XVI en todos sus aspectos: políticos, sociales, arquitectónicos, costumbristas, etc.

Nos regala lecciones profundas en materia filosófica, aparte de las moralejas de los cuentos de Martín. Por poner un ejemplo,  citaré las siguientes frases del narrador: «Necesitamos cocernos en asuntos de la vida», «El valiente no debe sacudirse el miedo, sino enfrentarse a él», «Matar es de cobardes. Reprimir la necesidad de dar muerte es una muestra de valentía indiscutible». Nos descubre, en otras secuencias, hasta dónde es capaz de llegar el ser humano en el desprecio a la propia vida. En multitud de pasajes expresa de forma encomiable las relaciones personales desde el amor, en unos casos, y desde el odio, en otros. Esos discursos son muestras, dentro de la creación literaria, que dan luz y fortaleza al pensamiento de quien lucha por un ideal.  

En cuanto al vocabulario, he de expresar mi gratitud por el enriquecimiento que ha obrado en mí la jerga utilizada. Ya sé que a muchos lectores les cansa encontrarse con significantes cuyos significados desconocen. Para mí, en este caso, ha sido un añadido a las excelencias de esta novela, aunque haya tenido que usar el diccionario en varias ocasiones. Así he podido aliviar mi incultura conociendo el uso de la preposición cabe, o qué es un alarife, una tenería, un menestral, un bohío, el matalotaje... por citar solo una parte mínima de algunas voces que no usamos, pero existen.  

Esta novela no solo me ha gustado, me ha marcado. Me ha marcado tanto, que hasta ha suscitado en mí una pena grande. Sí, una pena, porque la presencia de un trabajo como este no debería quedar limitada a las estanterías de los familiares y amigos. Sé que es una utopía, pero se me antoja imprescindible la existencia de una plataforma especializada, del tipo que sea, capaz de llevar más allá algo tan bien estructurado y con tantos valores literarios y culturales.

Sobra decir que me ha sabido a poco, por eso me permito sugerir al autor: 1º) – La composición de una trilogía. La  segunda parte podría tratar de cómo es la vida, qué piensa la familia de Bartolomé, al saber que este no se quedó en Toledo, como estaba previsto; y qué sienten los padres de Inés, tras desaparecer de casa sin despedirse. La tercera parte recogería la continuación del epílogo de esta primera: Bartolomé se encuentra en Segovia con Inés/Rodrigo para abrir otra puerta a una gesta nueva que, seguro, la borda, como esta que hemos leído. 2º) – Reunir los cuentos que improvisa Martín en un volumen único. Los contenidos de las narraciones tienen calidades dignas de una separata atractiva. Y 3º) – Están tan bien descritos los lugares que narra de Ávila y sus alrededores, que seguro tendría mucho éxito un paseo guiado por esos escenarios. Nos haría revivir una vez más la carga emotiva de esta novela y despertaría nuevos sentimientos a partir de los personajes que los ocuparon.

Y nada más, porque LO DEMÁS ES COSA VANA.
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UN CUENTO  (Clic)
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lunes, 26 de febrero de 2018

NO TENGAS MIEDO, un libro del abulense Antonio García Martín (Numerario de la Asociación de Novelistas "La Sombra del Ciprés")

NO TENGAS MIEDO es un libro de Antonio García con ilustraciones vivas de Julio Álvarez. Si cualquier publicación nos regala un pensamiento célebre, esta despierta valentía y ofrece ayuda en cada línea. Además está cuajada de instrucciones vitales que todos necesitamos alguna vez en la vida. La salud es una fortuna, quizá poco preciada cuando la disfrutamos, pero su falta nos pone al borde de la desesperación. En esta obra, los autores, con palabras llenas de color e imágenes discursivas, consiguen regalar al lector la llave paradisíaca del bienestar y de la confianza que a veces se nos niega, o nos negamos nosotros mismos.

Recomiendo sin reservas este libro, NO TENGAS MIEDO. Contiene un decálogo de instrucciones sugeridas, imprescindibles para la carrera existencial del ser humano. Su lectura contribuye a llegar a los mejores puertos de paz, de esperanza y de fe profesada al destino. No es un tomo de aspiraciones docentes, pero sí es un compendio de enseñanzas expresadas entre líneas o, si se prefiere,  entre la actitud y el sentir de los personajes, todos importantes, protagonistas de una historia que nos ahorrará miedos y, llegado el momento, lágrimas y desolación.

Rosa y Paco, padres de David, se relacionan como salvadores cercanos de Raúl y Lucía, padres de Raquel. Ambos matrimonios comparten los loores y dolores consecuencias de la enfermedad común de sus hijos.  Analizando el libro desde este contenido, recibimos una lección magistral sobre el trato humano practicado en un entorno próximo: nunca estamos solos, siempre hay alguien dispuesto a alejarnos del precipicio; la experiencia de quienes nos preceden en el sufrimiento nos ayudará en nuestra lucha, interpretada como una batalla más, que no será la última y la afrontaremos como héroes hasta el último intento.

Es muy importante esa conclusión, pues gracias a ella descubriremos en este mundo indiferente, de contactos virtuales,  amigos de verdad, entregados, capaces de admirar y ayudarnos a quitar importancia a situaciones preocupantes hasta casi martirizarnos.

Con carboncillo y difumino o bien con gestos y descripciones precisas, Julio Álvarez y Antonio García, Antonio García y Julio Álvarez, nos muestran unos personajes imaginados. Estos se cuelan en nuestras mentes con intervenciones reales, capaces de convertir una acción, a simple vista inverosímil, en un tatuaje interior grabado con hechos creíbles y palpables, susceptibles de ver y tocar. Por otra parte, desvelarán cómo se cumple una de las premisas necesarias en toda narración capaz de ganarse el interés de quien lee: “Algo le pasa a alguien”. Hay una trama y una acción de los personajes frente a un conflicto. Eso sí, se echará de menos un desenlace. Es una incógnita, tal vez porque el final definitivo nunca existe, pues el vislumbrado será el origen de otras cábalas, fingidas o ciertas. Quién sabe

Gracias a una forma directa y precisa de relatar, el texto nos ofrece  una ambientación cercana, conocida por todos, nada extraña. En esos escenarios se desarrollan acciones solidarias, y nos sorprenderán al percibir cómo dotan de naturalidad a situaciones angustiosas, difíciles de asumir pero superables, aunque el transcurrir de los hechos se nos presente como una meta imposible.  

NO TENGAS MIEDO está escrito con sencillez, algo muy difícil. Tanto en enunciados como diálogos mantiene un lenguaje y estilo directo, ágil. Así, llega al destinatario con eficacia. Los lectores exigentes encontrarán oraciones gramaticales mejorables, y la carencia de algunas comas en la delimitación de vocativos. Eso es admisible, importa poco si tenemos en cuenta que los ocho capítulos del libro están estructurados desde el punto de vista de Raquel. Raquel redacta la sinopsis antes de nacer, y pone el punto final sin haber tenido tiempo para asistir a ninguna facultad de Filología. ¡Doble mérito! Y un motivo más para leer este libro repleto de excelencias y estímulos indispensables.  (Puedes adquirirlo en Librería Letras, Pº. de San Roque, 12 05003 Ávila).
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