jueves, 5 de noviembre de 2009

TRAGOS DE VIDA




Lo prometido... (Un hecho real)

Corrían los años sesenta del pasado siglo XX. Clemente vivía más en el campo que en casa. Próximo a cumplir los setenta, estaba magro, ágil y colorado. Comía chacinas caseras y guisos de patatas y verduras de su huerta. Todo bien regado con vino de pitarra. Por las mañanas salía con su bota grande bien llena, henchida, pero acababa como una pasa y sin forma, por la tarde.

Un día sintió sensación de mareo y pesadez de cabeza. El médico le dijo que dejara el vino y otras bebidas alcohólicas, y que tomara dos o tres litros de agua todos los días. No era muy aficionado Clemente a lo que él llamaba “la mala leche de las tormentas”, que estropeaba tejados y trochas y anegaba las viñas. En fin...

—Habrá que hacer lo que digan los médicos, que pa´eso están —dijo resignado a la esposa, cuando regresó de la consulta, quitándose la chaqueta nueva, que olía a pana desde lejos.

Se familiarizó con las fuentes de los parajes que frecuentaba. Por la mañana bebía en una rodeada de helechos, en una vaguada sombría; su agua, fresca y fina, entraba bien tras la caminata hasta los apriscos. Luego, con los torreznos del almuerzo, se refrescaba en un manantial con sabor a mentas y tomillos. Después de la comida, también de fiambrera, se quitaba la boina y bebía a bruces en la pila de otro venero, en un collado bajo. Antes de beber limpiaba las superficies de tarántulas, salamandras, caracolillos y otros parásitos. Siempre se libraría alguno de esos bichos.

Clemente se puso bien de la cabeza, pero poco después empezó a sentirse mal. Unas veces le dolía el estómago, otras el abdomen y muchos días ambas cosas a la vez. Sin posibilidades en las consultas de los pueblos, el médico diagnosticó gastroenteritis y prescribió dieta blanda: verduras, purés, poco pan, ninguna grasa y, por supuesto, nada de vinos y licores.

Clemente empezó con su régimen, pero cada día estaba peor. Perdió el apetito y mucho peso. Los dolores, cada vez más fuertes, le apartaron del pastoreo y de las viñas, donde laboraba en los ratos libres

—Es como si algo por dentro me comiera los bandullos —decía el pobre Clemente, pálido, con los ojos inundados, retorciéndose, cuando le apremiaba el dolor.

No hubo otro remedio que hospitalizarle. Los especialistas de digestivo le hicieron todas las pruebas posibles. Dijeron que tenía algo grave, pero no sabían qué. Desestimaron la cirugía porque el mal, localizado en el estómago, cambiaba de forma y lugar a cada instante. Clemente cada vez tenía menos fuerza, estaba más delgado y se le adivinaban los huesos al otro lado de una piel lacia, del color de la pavesa. Gracias a los tratamientos paliativos, disminuyeron los dolores.

En medio de aquella lucha por sobrevivir, llegaron las Navidades. Con la anuencia de sus allegados, los médicos le dieron un alta provisional para que pasara las fiestas en familia. Algunos dijeron que aquello era un paripé para que muriera en su casa. Cuando Clemente se vio en el pueblo, rodeado de familiares y amigos, se animó mucho; tanto que, acompañado, llegó hasta la Plaza Mayor para ver el Belén que habían puesto en los soportales del Ayuntamiento.

La familia pasó la Nochevieja en casa de unos sobrinos, como todos los años. Clemente, sin olvidarse de las pastillas, los parches y las inyecciones, cenó puré de espinacas y pescadilla hervida; para beber, agua embotellada. Nada que ver con el cordero y el cochinillo que devoraron los que estaban buenos, con sus vinos, sus cervezas y todos los caprichos apetecidos. Ante la desolación y el malestar que padecía, decidió irse pronto a descansar. Todos, comprensivos, quisieron acompañarle, pero él, estando en la misma calle, dos números más allá, no aceptó.

Se sintió reconfortado en su caserón, en medio de aquel zaguán-distribuidor, escenario de tantos acontecimientos familiares: las matanzas del cerdo, los bailes de las bodas; las charlas distendidas con los amigos, presididas por la bota, o la botella del orujo, si hacía frío. Sí, recordó aquello, sobre todo la destilación del orujo, saliendo gota a gota del alambique, con aquel olor tan característico a hollejos sudados, a lumbre de pino y encina, a noches en blanco animadas por la ilusión de una vida de regalo y lluvias propicias.

Clemente no lo dudó. Abrió el vasar. Allí estaba su botella de aguardiente, como la dejó días antes. Él no usaba el lenguaje de los médicos, pero los comprendía cuando hablaban. Pensó que en la vida sólo vale lo que se vive, no lo que se deja de vivir. Miró la botella, la cogió con reverencia y la abrió. Olió con fruición su contenido. Pensó que si aquello le hacía tanto daño como decían los médicos, sería el último mal; pero eso estaba por ver. Lo que sí tenía claro era que aquel aguardiente, hecho por él, estaba mucho mejor y le gustaba más que las medicinas, cuyos resultados definitivos tampoco se habían visto. Acarició la botella, se la llevó a los labios y bebió dos tragos, pequeños y con cuidado. Sintió la quemazón de siempre en el gaznate, y le supo más bueno que nunca. Dejó todo como estaba, para que nadie sospechara nada. Pensó que, aunque fuese en secreto, habría otros tientos mientras estuviese en su casa con vida. Animado, se fue a la cama.

No había terminado de quitarse las botas, y el orujo andaría buscando acomodo en las entrañas de Clemente, cuando éste notó que se le movía estómago. Le sobrevino un vómito, luego otro. Se asustó al ver que sangraba de forma abundante por la nariz. Le faltaba la respiración. Llamó a los vecinos; estos hicieron venir a la familia y entre todos acordaron avisar al médico.
Cuando llegó el doctor, Clemente respiraba por la boca, estaba casi asfixiado, seguía sangrando y no hablaba. El médico vio con extrañeza que tenía en la nariz mucha sangre cuajada. Limpió, tiró con cuidado y vio que algo salió y se le enredó en los dedos. Era un ser vivo, con movimientos lentos pero insistentes, como quien huye de un incendio perseguido por las llamas. Clemente empezó a respirar con normalidad. Le dolía la garganta y sentía la nariz irritada, pero estaba tranquilo. El médico identificó al parásito alumbrado como un anélido, que era lo que vulgarmente se conocía como sanguijuela.

A todos les extrañó mucho aquello. El más asombrado fue el médico, que no se explicaba cómo pudo entrar aquel gusano en el cuerpo del paciente, y menos los motivos por los que salió de él. Así se lo hizo saber a todos. Clemente, quedándose dormido, dijo con un hilo de voz: “ya le contaré yo a usté lo dañino que es el agua y los milagros de los aguardientes”. Nadie le oyó. Durmió plácidamente aquella noche, bajo los efectos de los tragos de la vida. Así los llamó él.

Al día siguiente Clemente ya no tenía dolores, sólo algunas molestias que pronto desaparecieron. Todos le trataban como a un personaje de portada. Empezó a comer y a engordar, hasta quedarse como siempre fue. Y, como siempre fue, vivió veinte años más, sin hacer caso a los médicos y regalando aguardiente a sus amigos y seres queridos.
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(C) Alejandro Pérez García. Inscrito en el Registro de la P.I. "Los cuentos mejor pensados"
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57 comentarios:

Emilio dijo...

"Pensó que en la vida sólo vale lo que se vive, no lo que se deja de vivir" Empiezo con una cita de tu propio relato...pero qué gran verdad, amigo Alex, qué gran verdad. Y en cuánto a lo del agua...pues que vamos, no me extraña nada que se tragara una sanguijuela. Están en todas partes. Algunos hasta vestidos de traje y corbata.
"Agua ardiente que quema pero no mata"...como la vida misma cuando se vive con intensidad. Espero que el doctor Martinez-Carrasco de su opinión sobre el caso pero, conociéndole, se pondrá del lado del enfermo. Por un momento, antes del final, "mabias asustao", tú sabes por qué lo digo...
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Querido Alejandro: A veces pienso, (sólo a veces) que la ignoracia es una virtud para quien la padece; y si no, que se lo pregunten al protagonista de tu cuento. Eres un tío GRANDE como persona y como escritor. Por ello siempre tendrás mi admiración incondicional.

Me marcho unos días a Jávea, (hasta el jueves) Nos vemos el viernes en la cena. Seguro que lo pasaremos DE CINE.

Un besito.

Mila

Mari Carmen dijo...

La espera ha merecido la pena Alejandro.
Me ha gustado tu relato. Ya sabía que el orujo era digestivo pero no creía que fuera para tanto...tendré que probarlo. Me han dicho que hay uno que sabe a café que está muy bueno.
Por favor, la próxima vez no te hagas desear tanto...luego ya sabes lo que ocurre.

Sabes, yo tenía un amigo que se hubiera llevado muy bien con Clemente. Compartían la misma opinión sobre el agua.
Mi amigo se llamaba Valentín. No era hombre de excesos, pero si gustaba de comidas en buena compañía, regadas con una buena botella de vino.
Era una persona alegre y con ganas de disfrutar de la vida, con una gran vitalidad que contagiaba a quienes le rodeaba. Tenía una máxima que repetía siempre, seguro que Clemente estaría de acuerdo con él:
“ Yo no quiero vivir enfermo para morir sano; quiero vivir sano para morir enfermo”
Y lo cumplió...fue feliz y nos hizo felices.

Un beso.

Alicia dijo...

¡INCREIBLE! Me alegro que, a petición popular, nos hayas contado este hecho verídico.

Alejandro al leer tu relato me ha venido a la mente la frase hecha "Se bebía la vida a sorbos". Así andamos a veces de atragantados, por intentar apurar todo lo de todos los vasos que nos ofrece la vida...

Hay momentos que algunos sorbos dan la vida. Todo depende de las circunstancias, la ocasión y la compañia. Sé que eso os va ha ocurrir la semana que viene ya que he leído por todos los blogs que ha comenzado la cuenta atrás.
Por si no vuelvo a tener ocasión, te deseo buenos momentos y un inolvidable brindis disfrutando a tope de la oportunidad.

Besarkadatxu bat

Alejandro dijo...

Querido Emilio, ¿qué te voy a decir? La vida hay que vivirla, como hizo Clemente después de deshacerse de aquel bicho que le comía. Era un hombre llano y generoso y todos los que le conocimos nos alegramos por él y brindamos por sus tragos, que acabaron siendo también los nuestros. Para nada quisiera molestar a los profesionales de la Sanidad, imprescindibles. En aquella época, como dejo bien claro en elñ cuento, no había los adelantos tecnológicos de hoy. Hoy hay muchos, pero aún quedan muchas sanguijuelas de las otras, con maletín y traje de marca, como tú dices,chupándonos la sangre y los bolsillos a todos sin ningún invento legal, eficaz, que lo impida.

Un abrazo fuerte,

Alex

Alejandro dijo...

Gracias, Mila, por ese cariño que siempre me demuestras. Si no fuese por eso, el mundo estaría muerto, y no lo salvaríamos ni con una o dos o tres copas de aguardiente.

Yo también pasaré toda la semana próxima fuera. Ya he arreglado todo para estar en la cena. Como dices, lo pasaremos de cine, de teatro y, sobre todo, de noche y de lo que haga falta.

Feliz viaje. Besos,

Alex

Alejandro dijo...

No sé, Mari Carmen, si habrá merecido la pena vuestra espera. Hablando de pena, que nadie pase la que tenía el pobre Clemente en los días previos a sus "tragos de vida"· Siempre fue feliz, pero a partir de aquello, más. Habria hecho piña con tu amigo Valentín. Sus perfiles conceptuales sobre la vida, por lo que dices, fue muy similar.
No os he puesto esta entrada antes porque quise poner otra, una crónica que publiqué en periódicos de la provincia dando cuenta del original y feliz acontecimiento. No la he encontrado y, para acabar con la esclavitud de mi compromiso, he tenido que armar este cuento. No sé si lo habré conseguido.

Gracias por tu visita y por participar de esta pasión de la escritura.

Besos

Alex

Alejandro dijo...

Es cierto Alicia, la vida sabe mejor cuando la apuramos con los amigos que queremos, y si es con la ayuda de una buena gastronomía y buenos tragos, los horizontes son más esperanzadores y seguiremos mejor el camino hacia la cima. Esa cima que a veces se nos pone tan cuestra arriba. Los médicos tendrán que perdonar que no les hagmos mucho caso ante placeres que nunca nos dejarán indiferentes. Tendremos que bebernos la vida a sorbos aunque sea poco a poco; aunque sea despacio, para llenar una noche como la que disfrutaremos la del 14-15. El otro día me encontré con mi doctora de cabecera en una cafetería próxima al ambulatorio; en una mano tenía un cigarrillo y en la otra una copita. La miré, me miró, y con una media sonrisa de complicidad me dijo: "no hagas siempre lo que te digo, haz de vez en cuando lo que yo hago". Así es la vida, Alicia. No hay que verla ni llena ni vacía, ni hay que romper los vasos por si hay que brindar. Brindaremos por todos el próximo sábado, y por los ausentes, dos veces. Gracias por tus buenos deseos.

Besos

Alex

Mari Carmen dijo...

Has creado este cuento a la perfección, además, has conseguido ampliar mi vocabulario.
Con un relato has conseguido cumplir con varios de mis objetivos: disfrutar leyendo, aprender y compartir buenos ratos con amigos...¿se le puede pedir más a un texto?

Te acepto los besos, no las gracias. Alex, no tienes que agradecerme la visita, sabes que me encuentro como en casa, y, entro y salgo cuando quiero.

Besos.

Alejandro dijo...

Bueno, Mari Carmen, pues no te daré las gracias, sólo te diré que me complacen tus visitas en mi blog y que me alegro hayas disfrutado con la lectura del cuento. Ahora, por no darte las gracias, lo tengo más difícil, pues tengo que compensarte, compensaros a todos, buscando en los laberintos de la imaginación nuevos personajes, escenas, acciones, tramas y todo eso para que en el próximo no quedéis defraudados. Con lectores así, tan generosos en admiración y amistad, uno se siente feliz, de verdad, Mari Carmen. ¿Para qué otras glorias?

Buen fin de semana. Besos

Alejandro

Santiago Solano dijo...

Estimado Alejandro.

Felicidades por este cuento. Yo también, como todos tus lectores, lo he disfrutado. Estoy con Emilio en que la frase relacionada con el vivir o el dejar de vivir es extraordinaria. La esencia misma del cuento. Por cierto muy trabajado.

Un abrazo.

Alejandro dijo...

Gracias, Santiago, por tu lectura, y me alegro la hayas disfrutado. Es la mejor recompensa que podemos recibir por el esfuerzo que hacemos, que a la vez es un placer compartido. Sé que tú ves cuando hay un texto trabajado, porque tú también lo haces y te preocupas por la estética y la eficacia del trabajo. Aunque nos guste, llegado el punto final,nunca le daremos por terminado porque somos conscientes de que todo es mejorable.

Gracias otra vez y te reitero mis deseos de éxito para ese nuevo alumbramiento anunciado. Todos estamos deseando asistir a su bautizo.

Un abrazo.

Alex

Valeriano dijo...

Me ha recordado aquel comportamiento de alguien muy conocido que decía que cuando lo médicos le recetaban pastillas, se las compraba porque ellos tenían derecho a vivir por su trabajo, pero que cuando llegaba a su casa las tiraba a la basura pues él también tenía derecho a seguir vivo. A veces es la mejor solución. Sin abusar, claro
Me ha a gustado mucho, Alejandro. Fina ironía. Puntualidad en la descripción, personaje muy esculpido y ambiente muy, muy bien definido.
Un abrazo

Alejandro dijo...

Querido Valeriano, agradezco tu comentario y lo valoro con alto precio. Sé que eres un crítico muy exigente, poco dado a concesiones en el campo literario, que tanto cuidas. Por eso recolectas tan buenas cosechas.

Me ha hecho gracia el chascarrillo del enfermo, las pastillas y el médico. Hay para todos los gustos. Lo malo es que tengamos que recurrir a ellos, y lo bueno es que estén para atendernos.

Hablaremos, Valeriano. Mientras tanto, recibe un abrazo, como siempre.

Alejandro

Anónimo dijo...

Por fin hiciste publico este relato que tanto y tantas veces me gusto escuchar, a lo largo de los anios que juntos pudimos pasar, en El Barraco al calor del brasero sin igual, con abuelos, tios y primos y vecinos del lugar.
Que recuerdos!
Pasadlo bien en La Rioja y cuidao con tanto caldo.
Besos y abrazos.
E.Pinta Corona

Bodegas la cepa alta dijo...

OLE OLE, ESOS TRAGOS DE ORUJO.ME ESTOY VIENDO A MI MISMO CUANDO RECUPERE EL HABITO.
A VER SI TE VEO POR ESTOS LARES CON LA CUADRILLA Y PRACTICAMOS UN POCO DE RIBERA CON UN LECHAZO, ...QUE TE VAS HACIENDO CLEMENTE PERDIDO.
EL EPIFANITO DE MONACO.

Anónimo dijo...

Hasta de las bodegas te escriben, Alejandro...Vamos que está visto que parece ser que hay unanimidad para casi todo el mundo en que "mas vale bebida en mano que vida volando..." Desde la borrachera de Noé, las bodas de Caná, la Ultima Cena, las cenas posteriores...aquí está claro que en cuestiones de alcoholes todos somos romanos...Ya decía Claudio Rodriguez algo parecido a esto..."cuando salímos por la noche, nuestro grupo de poetas, hay algo que nos une más allá de la Poesìa"... Jose Luis Garcia Martin, el poeta y crítico asturiano, en un agudo comentario sobre las amistades literarias decía que, más allá del alcohol, la amistad era relativa. Está claro: en esto no parece haber divergencias religiosas ni políticas. Y es que, en el fondo, tampoco somos tan diferentes en algunos temas...Ni siquiera con respecto a los chavales de ahora. Eso si, un Ribera, es otra cosa.

Port

Manuel dijo...

Copio de Emilio, y sigo a Santiago - que copian y dicen de tí - la esencia magistral de este hermosísimo relato:

"Pensó que en la vida sólo vale lo que se vive, no lo que se deja de vivir".

¿Habrá mayor crueldad que retirar del hábito de los inocentes aquello que les es propio?.

Queridos presuntos pacientes: eso es una eutanasia activa.

Mira que soy médico hace más de 30 años. Siempre he mantenido, pese a la sofisticación de pinchos y monitores, que si uno come con gana, orina bien y caga saludablemente, no puede estar enfermo de nada. Y mantengo mi poco científica teoria contra viento y marea.

Asi que, querido Alejandro, quiza te pida este artículo para el próximo congreso al que asista, que Dios quiera tarde muchísimos años en llegar.

Un abrazo ya casi real.

Bodegas la cepa alta dijo...

pues no se, mi abuela dice que su abuelo decia que a tres cosas hay que tener miedo en esta vida, a los medicos, a los religiosos y a los lideres comunistas.
y eso que te hablo casi de la guerra de cuba... no se no se, en que orden temerlos.

Bodegas la cepa alta dijo...

por cierto, veo que has estado en la rioja...¿esa infidelidad?¿ ya no te acaricia el paladar el suave aterciopelado de los taninos pulidos del tempranillo ribereño?.
ten cuidado con esos tintosde alli arriba, que uno empieza por tomarse un riojita como quien no quiere la cosa y acaba por echarse desodorante, como miguel bosé.

Anónimo dijo...

Hola Alejandro.

Me ha gustado mucho tu nuevo relato "Tragos de Vida", de hecho me encanta la conclusion del Sr. Clemente...... los vinos y espirituosos te dan la vida.
Que gran verdad.

Un abrazo.

Agustin Trapero.

antonio castillo dijo...

Alejandro amigo, me encantan tus historias con ese lenguaje diáfano y al tiempo tan rico de léxico, siempre con sus moralejas extraídas de la vida misma. A mi no me gusta el alcohol, pero a veces un sorbito a tiempo reconozco que puede obrar maravillas. Nos vemos.

Francisco López Martinez dijo...

Que feliz era Clemente en el campo, lástima que aquel indigno bicho le complicara la vida, y suerte que tuvo de guardar el aguardiente,invitarle a un trago, y quitárselo de encima.

!Hermoso e imaginativo cuento! Te felicito Alejandro. Un abrazo-
Francisco López Martínez

Alejandro dijo...

Querida Pinta, Pintita Corona, te agradezco hayas leido este último cuento, del que ya tenías noticias, por la cantidad de veces que lo he relatado al calor de la lumbre, como dices, y al frescor de los arroyos. Gracias, gracias, y te animo a que sigas escribiendo aunque sea aqui, en este espacio, que te invito a que consideres como tu casa. Sabes crear bien los ambientes, y los personajes, si te lo propones, también.

Besazos fuertes y apretados, "caraguapa".

Alex

Anónimo dijo...

Hombre, Bodegas la Cepa Alta, algunos riojas son excelentes...casi mejores que los burdeos...y no te digo nada algún ribereño... en cuánto a los peligros de tu abuela me parecen de 10...pero lo del desodorante, persona de Dios, !eso que dices es un sacrilegio!..! Menos mal que existen y bienvenidos sean junto con el abundante agua exterior ( y jabón)...! Cómo se nota que por las Altas Bodegas no se va en metro, je, je...Cómo somos algunos en las ciudades...Pobre Miguel Bosé, no se merece esa inquina...por lo del desodorante al menos, digo yo. Así que Alejandro, en lo otro, ház caso a tu amigo, pero en lo de del desodorante mantén sus convicciones...bueno, depende, a lo mejor hay quien no lo necesita, vaya ud. a saber que de todo hay en la Viña del Señor...(nunca mejor traído lo de viña...)
Saludos con afecto a los dos.

Port

Alejandro dijo...

Epifanito de Mónaco, de Bodegas La cepa alta, músico, escritor y muchas cosas más, en primer lugar quiero agradecerte el detalle de leer mis cuentos. Sé que lo haces con cariño y admiración. Un día de estos, cuando las obligaciones lo permitan, nos escaparemos por tu ribera y pondremos un poco de literatura sobre ese buen lechazo que tenéis ahí, y rociaremos con LAVEGUILLA la pitanza y los verbos de nuestra charla, siempre amena y animada, y con más tino y coherencia, seguro, que cuando escribimos. Como cualquier mortal, amigo Epi, hay muchas cosas que no comparto con amigos y adeptos, tampoco comparto todos los miedos ni ideologías ni muchas de sus convicciones, pero sí que estoy de acuerdo contigo cuando hablas de la buena calidad de los caldos ribereños. No temas, que mi infidelidad sólo ha contribuido a refozar el gusto y el placer de los néctares de Olivares. Espero que cuando nos veamos, que será pronto, nos des la noticia de que ya tienes un nuevo disco en ciernes con nuevos sones, y un segundo libro como "La Armedilla", donde nos deleites con historias sobre el Románico de Castilla.
Gracias por todo, amigo Epi. Recibe un abrazo fuerte.

Alejandro

Alejandro dijo...

Querido Manuel, en cuanto abran las tiendas me hago paciente tuyo para siempre. En tus palabras veo en humanidad, veo a un médico humano. Tu serás de los pocos que dan nombre al ambulatorio de su ciudad, porque estoy seguro de que curarás a tus enfermos sin hacerlos sufrir. Es muy fácil decir que dejemos de fumar, de beber... y mirar para otro lado cuando decimos al doctor, "oiga, que a mi todo eso gusta y me sienta bien, lo que de verdad me hace daño es levantarme cuando es de noche para ir a trabajar". Hay que saber escuchar al parroquiano y ser coherente. En algunos paquetes de tabaco pone: Fumar mata lentamente. ¡Joder! -perdón-, si el que fuma no tiene ninguna prisa por irse al otro barrio. Por lo mismo, o por otra cosa, en los billetes de avión podía poner: "Volar puede matar en un instante". Todo esto, querido Manuel, sólo son chascarrillos. Pero tú, al que veas que no está muy moribundo, recétale un cuartillito de tinto todos los días. El vino es bueno. Además saca las verdades a los hombres (a las mujeres las perdono), ayuda a la confesión propia y ante los demás. Yo, por eso, cuando me dice alguien que no le gusta el vino -ya lo he dicho otras veces- como que no me fio mucho de él.
Manuel, amigo, perdóname estas licencias sin fundamento. Tú sabrás lo que tienes que hacer. Lo que yo hago ahora es agradecerte la lectura de mis cuentos, y lo que haré esta tarde será alegrarme por onocerte personalmente y darte un abrazo fuerte.

Alejandro

Alejandro dijo...

Querido Agustín:
Sabía que tú, como experto y cotizado sumiller y profesor de enología, te ibas a identificar con este cuento, donde, además de Clemente, el vino y el aguardiente son personajes de excepción que ayudan al final feliz del relato. No me extraña que el lector se identifique con ellos y les agradezca su acción de ayuda.

Me llegan noticias de tus clases en Inglaterra y los ecos de tus éxitos por las conferencias que impartes por medio mundo. Enhorabuena, y gracias por leerme. Sé que lo haces siempre, estés donde estés.

Un abrazo.

Alejandro

Alejandro dijo...

Gracias, Antonio, por leer "Tragos de vida". Comprendo que no te guste el alcohol, y no seré yo quien te invite a que consumas lo que no te guste. Pero es que hay tantas cosas repelentes. No sé si conocerás el "Fosfoevac", por citarne un potingue de las boticas, está que te cagas de malo, pero si nos lo manda el médico, lo tomamos sin rechistar. Un vasito de tinto, o del que te guste, y una copita de vez en cuando, cuando no haya que manejar máquinas, además de golosina serán como medicinas.

Gracias por todo, otra vez, antonio. Nos vemos luego. Un abrazo.

Alejando

Alejandro dijo...

Amigo Francisco, conocí a Clemente. y te puedo asegurar que era feliz con su vino y su aguardiente. La sanguijuela le amargó la vida una temporada larga, pero gracias a la desobediencia de los médicos volvió a ser feliz otra vez y a amar más que nunca los productos de la tierra que él siempre cultivó y elaboró. Nunca sabremos cuál es la última verdad ni la mejor suerte hasta que juguemos la última baza.

Gracias por tu comentario, Francisco. Recibe un abrazo fuerte.

Alejandro

Alejandro dijo...

Querido Emilio, lo primero agradecerte que me hayas ventilado la casa en mi ausencia. Eres un amigo al que se le pueden dar las llaves de cualquier pueblo. Por otra parte, ¿qué voy a decirte a tí del vino y de las bebidas espiritosas? Tú eres un hombre comedido, pero has sabido mezclar en abundancia y con buen sabor vinos y literatura en conferencias magistrales. La última, en la casa de Zamora, no hace mucho, donde los presidentes y algunos circunstantes con corbata acabaron cantando eso de "Asturias patria querida...", sin haberlo probado. Cuando el verbo es bueno, basta con escuchar e informarse para que haga su efecto.
Mi amigo el de las bodegas, es un genio y buen tripo, no hay que preocuparse por él, lo que le ocurre es que hay veces que escribe como habla y claro, eso no siempre da buen resultado. Tú y yo lo sabemos. Ya te hablaré de él y quizá algún día le conozcas.
Gracias por tu compañía, siempre agradecida, aunque sea en la ausencia. Nos vemos luego. Un abrazo.

Alejandro

Anónimo dijo...

Me ha hecho mucha ilusión leer el relato, tantas veces escuchado, como un cuento adornado y bien estilado con final feliz.
Continua escribiendo, porque además de hacerte feliz a ti nos haces felices a los demás.
Muchas gracias y un besote muy grande.

Amalia Núñez

Alejandro dijo...

Gracias, Amalia. Con lectores tan fieles y generosos es muy fácil escribir.
Efectivamente, tu también me has oído contar muchas veces este hecho real. Hoy, gracias a algunos amigos de la "blogsfera", se convierte en cuento literario. Ficción y realidad se confundirán en el tiempo y acabrá convirtiéndose en leyenda.

Un beso.

Alejandro

Dabid dijo...

Dice la canción:
...Me había olvidado del sabor que tienen las cosas y de lo bueno que es beber y beber cuando todo va mal...

Cuando era un chaval, dejé el alcohol por ser muy joven para pillar una cirrosis, luego dejé la coca-cola, el café y el te porque me ponían de los nervios; más tarde los refrescos porque me producían gases...
Ahora, que todavía soy joven, me tomo el whisky a palo seco y la cerveza con alcohol, me conformo con no fumar ni drogarme.
¡Hay que disfrutar!

Muy bueno tu cuento, Alejandro, aqui en Alcoholicos animos nos ha gustado a todos.

Alejandro dijo...

Querido David (Dabid), el comentario que me haces, viniendo de tí, que eres un extraordinario cuentista, con dominio de todos los géneros, pero especialmente del fantástico (http://www.hostalcloroformo.blogspot.com/), es todo un empujón para seguir buscando historias, aunque sean reales, que luego irán creciendo, fermentado, en la imaginanación de los lectores hasta superar la ficción.

Gracias, David. Nos vemos el jueves.

Un abrazo.

Alejandro

Anónimo dijo...

Qué bien lo haces Alejandrito. Me da miedo entrar en medio de tantos entendidos y opinar de tu obra. Ahora que parece que están tranquilos, me cuelo. Todos tus cuentos me gustan, pero este me ha resultado, además de bueno, util. Has convertido algo real en una historia literaria. En este cuento como en todos los tuyos hay un fondo instructivo. No dejes nunca de escribir. Lo haces bien.

Saludos de tu amigo, Luis Martín

Alejandro dijo...

Gracias, Luis. Tú si que eres un buen amigo, además de los que no hacen ruido. Ya sabes, un amigo que no hace ruido es el que nos sigue y se entrega sin esperar nada a cambio, y nos quiere en los momentos malos, con nuestros errores y defectos. Tú eres de esos.

Un abrazo,

Alejandro

Mari Carmen dijo...

Alejandro, Emilio se va acercando al número fatídico de comentarios, en estos momentos lleva 43 y falta que conteste a nuestra querida Mila.
Esta vez tenemos que conseguir ser tú o yo el número 50...si no estamos perdidos.
Un beso.

Alejandro dijo...

Estupendo, Mari Carmen. Es una idea estupenda, pero me gustaría que llegara a 55, para que sea el número uno. Hasta ahora el mayor número de comentarios han sido -creo- 53, expresados en esta entrada: http://jandro-perez.blogspot.com/2009_10_01_archive.html. Vamos a intentar superarlos. Tú has tenido la iniciativa, tú escribirás el 50 y el 55. Yo empujaré., ja,ja,ja,...

Gracias por la idea, Mari Carmen.

Besos.

Alejandro

Mari Carmen dijo...

De acuerdo Alejandro, tú el 55 y yo el 50.
De todo esto que no se entere Emilio, que es capaz de cambiar la entrada para que no lo consigamos, después de la hora bruja mientras tú y yo dormimos.

Besos.

Alejandro dijo...

De acuerdo, Mari Carmen, Vamos allá.

Besos otra vez.

alex

Alejandro dijo...

Mari Carmen, ¿andas por ahí? Si vas ahora a casa de Emilio, seguro que encuentras el caramelo con premio. Ve a ver. Yo creo que sí.

Besos

Alex

Mari Carmen dijo...

Alejandro ya está hecho...no se si lo habré conseguido.
Ahora te toca a ti.
Un beso.

Rosa dijo...

¡Que bueno Alejandro!.Siento no hacerte todos los comentarios que me inspira leerte, pero te aseguro que es un auténtico placer.

¿Sabes que pienso?. Que nunca hacemos caso a las señales que nos dá nuestro cuerpo o lo que es lo mismo, la naturaleza; y nos empeñamos en identificarlo todo con una explicación más allá de lo sencillo y claro, así nos va en esta vida. Si fuéramos capaces de usar todo lo que llevamos dentro...

Gracias por este buen rato.

Un beso

Alejandro dijo...

Mari Carmen, los trasnochadores se han llevado los 55 quintales de la faena que me habías encomendado. No importa, lo que sí importa es el fruto largo y sabio que ha dado esta singladura. Hemos jugado. Aunque no haya sido con nuestras cartas, con muestros remos, el barco ya está en el puerto, en la dársena 55, limpiamente, sin bajíos donde encallar. ¡Misión cumplida!

Besos.

Alex

Alejandro dijo...

Gracias, querida Rosa, por tus palabras y porque sé que te encuentras cómoda en este espacio, que también es tuyo, igual que yo disfruto de tus poemas, tan concisos como emocionantes. Que sepas que en mí tienes un admirador agradecido. Perdonaremos al tiempo, que tan caro se vende y no nos permite comentar y decir todo lo que sentimos.

Besos

Alex

Alejandro dijo...

Mari Carmen, no sé si andas por estos lares. Si pasas por aquí y lees esta nota, sólo decirte que no te preocupes por nuestro marinero. La singladura ha sido larga. Está cansado, necesita silencio y un poco de relax. Es posible que esté ausente unos días.

Besos

Alex

Anónimo dijo...

Hola Alejandro: Acabo de leer por cuarta o quinta vez todos los comentarios, y me he divertido mucho con tanta "borrachera". Hace tiempo que no pones nada nuevo en tu blog; seguro que tu silencio se debe a que estás creando alguna historía de primera categoría, y que en cualquier momento nos harás disfrutar de ella. No te hagas de rogar; ya sabes, que todo lo que escribes me sirve de aprendizaje, además de disfrutar con su lectura.

Un beso.

Mila

Mari Carmen dijo...

Si Alex, la singladura ha sido larga y fatigosa y tras la tormenta todo marinero necesita un descanso.
Un beso.

Santiago Solano dijo...

Me acabo de tomar una copita de orujo de estraperlo de la provincia de Cáceres... y es mejor que cuatro valerianas, oye.

Me voy a la cama.

Besos y abrazos… hip.

Alejandro dijo...

MILA, no tengas prisa; poco a poco se llega lejos. En cualquier caso gracias por tus palabras, tan cariñosas como siempre.

MARI CARMEN, los marineros, como los guerreros, han de descansar después de travesías y batallas. Gracias por entender.

SANTIAGO, querido amigo, pero ¿qué haces bebiendo aguardiente?, tan cabal y comedido como tú eres. ¿Estas malo? Si es así, ¡haces bien, qué leches! Cuando te falte dímelo -el aguardiente, no la leche- y ya veremos en qué alambique nos curamos. ¡Que no te falte!

Besos, abrazos.

Alejandro
P/D: Prometo que un día de estos, pongo otro cuento. Reservaros.

Javier dijo...

Gracias por esperar a uqe te felicite antes de poner otro relato. Sencillo, suave, claro, didáctico,...hmmm me ha gustado mucho.
Un abrazo

Alejandro dijo...

Gracias, Javier. Sabes que en literatura el destinatario final pone lo más importante del trabajo: la opinión y, sobre todo, las conclusiones y la emoción percibida. Gracias por escudriñar y paladear los sabores de este cuento.

Un abrazo.

Alex

Emilio dijo...

Alex, Alex...unos días meditando, ¿eh?...Bueno, ya sabes, esto va así. Pero bueno, mientras no estés en las bodegas de tus amigos perdido entre emanaciones etílicas creo que pronto recuperaremos tu palabra...al menos para contestar una línea a tu buen amigo Port, que ese si que necesitaría alguna emanación etílica más a menudo...pero su maldita antigua úlcera de duodeno (teoricamente cerrada) le lleva a una cierta moderación. Aún así, un poco de Rioja (lo siento, Bodegas la Cepa Alta) con alguna aceituna lo puede tomar. No así el whisky - lo siento Manuel, me sienta a morir - pero bueno...eso es una cosa extranjera a extinguir, je, je...
Fuerte abrazo, o brazo, como tu dices a veces, y me encanta, querido amigo.

Mari Carmen dijo...

¡Alex, tú también reflexionando!
Estaba preocupada porque no aparecías por las tertulias de este edificio, a las que, tanto tu como yo, somos asiduos.
Hasta el buen humor se desgasta y necesita un respiro y tú lo repartes a manos llenas.
Cuídate, sólo te pido que de vez en cuando, hagas una pequeña incursión, como la que has hecho donde Emilio, para que sepamos que estás bien.
Un beso y un fuerte abrazo.

Alejandro dijo...

Gracias, Mari Carmen. Sabes que no me olvido de repartir mis alegrías (aunque no siempre abunden) entre los amigos/as que nos echan de menos. Qué bueno que siempre estéis.

Besos

Alex

Anónimo dijo...

Felicidad, querido Alejandrito. Ahora que tienes esto tranquilo aprovecho para escribirte estas letras. Te prometo que leyendo tu cuento me he sentido pobre. Me he sentido alegre repartiendo sonrisas con los colegas, también me he sentido enfermo de verdad, y asquerosamente rico y he pasado hambre y he olido a botica y a orines de gato y hasta que me he sentido en la carcel de verdad. Qué bien lo haces, puñetero.

Un abrazo de tu amigo, Luis Martín.