viernes, 18 de diciembre de 2009

EL CAMINO QUE NO ERA


Me han cambiao varias veces de celda y he conocío a muchos internos, pero sólo tú has preguntao por lo mío. Te lo contaré en este rato que nos queda de sol, antes de que nos llamen. Escucha...

Como to´los domingos, me puse en la puerta de San Ginés. Había boda. Antes de que llegara la novia, a eso de las doce, ya tenía guita para vivir muchos días, pero yo no sabía tener dinero. Me trinqué un copazo en Casa Braulio y luego entré por la calle de los Mesones arriba. Olía a fritanga y a vino picado. Por allí paraban varios compañeros de fatigas, me petaba convidarles y poner un poco de alegría en su miseria. Una copa aquí, otra allí, luego otra y otra y muchas más. Dejamos vacía la bolsa. No me gusta la esclavitud del dinero. Siempre me gasté todo con los vagabundos como yo.

Achispaos y tambaleantes, los colegas fueron perdiéndose poco a poco. A mí me costó llegar al soportal donde pernoctaba. Desplegué el petate y me eché a dormir. Esa noche no reparé en el asqueroso tufo a orines de gato que había siempre entre mis cosas. Al rato, o no sé cuando, llegaron los municipales. Como todas las noches, me preguntarían dos o tres veces lo mismo, para ver qué tal: el nombre, la fecha de nacimiento, algo sobre el tiempo, tonterías así. No lo recuerdo bien, ¡apañao estaba yo!

Como imaginarás, viendo la cogorza que tenía, me quitaron de allí. No amanecí más en aquel camastro. Cuando desperté me dijeron que era miércoles. El reloj de la sala marcaba las 11:42 AM. Olía a botica. Estaba acostao en una cama con sábanas blancas. Afeitao y tan limpio, me sentía desnudo. ¡Qué vergüenza, joder! Tenía los pies y las manos ataos a los barrotes de la cama. De los brazos salían varios chiclés. Tenía otros cables y una máquina que yo no veía, pero no paraba: “pi...pi...pi...pi...” Todo el rato estaba pendiente de que el puto aparato no hiciera pi,pi,pi,pííííí... seguido, porque después sería como en las pelis: “hora de la muerte...”Joder con el chisme. Yo no estaba para eso, pero dijo una enfermera, gorda y con mala leche, que acababa de salir de un no sé qué etílico y que estaba mu mal. Protesté como si me hubiesen tocao las criadillas: “Dejadme, coño. Estoy jodío, ¡pues claro!, tengo hambre. Si estuviese en la calle estaría cojonudamente”.

Me hicieron caso, pero no creas que me llevaron un plato de alubias. Probaron con un caldo, y bien. Luego me dieron crema de guisantes, merluza a la plancha y natillas. To riquísimo. Me acordé de mis amigos, de su hambre, de sus esquinas. Se me nublaron los ojos al pensar el bien que les harían aquellos manjares; pero confieso que aunque fuese solo, sin ellos, con tantos cuidaos y exquisiteces, me habría quedao allí una temporá. ¿Sería verdad que tenía algo grave? Lo mío era la calle, dormir al raso y el vino de tetrabric.

Al día siguiente ya estaba mucho mejor, pero, imagínate, como un pájaro enjaulao. Después del desayuno, bien aseao y con un pijama azul, grandísimo, salí al pasillo para estirar las piernas mientras limpiaban la habitación. Como quien se deja llevar, entré en un cuarto. Debía ser el vestuario de los médicos. Afané un traje de mi talla, unos zapatos, una camisa bien guapa, una corbata y salí corriendo.

Me veía en los cristales de los escaparates como un maniquí. Me senté en un parque. Encontré en la chaqueta una cartera con un carné de identidad, otro de conducir, una foto familiar, cuarenta €uros y un boleto de los ciegos del día anterior. Número 1313. Pregunté en un quiosco de la ONCE. La chica, con gafas oscuras, lo miró con una lupa y dijo que tenía premio. ¡Cien mil €uros! Ella no veía, yo me quedé sin habla. Otra vez me perseguía la mugre del dinero. Mi corazón latía deprisa. Me sentía otro. La cieguita dijo que en cualquier banco gestionarían to. Entré en uno próximo. Comprobaron el boleto, el número. ¡Qué bien se portaron! Hasta me anticiparon una buena suma. Firmé y dijeron que volviera a los tres días para colocar el resto del premio.

Salí de allí sin soltar la cartera, saltando y riendo, créetelo. Me dio hasta hipo. Los edificios, los árboles, los colores..., to´lo veía distinto. Calculaba, sin saber, qué podría comprar con tanto dinero. Iba en esas cábalas cuando tuve que cambiarme de acera dos o tres veces porque me encontré con varios pedigüeños, andrajosos, que se pusieron pesadísimos para que les diera unas monedas. Me dieron asco; les despaché a patás. Ellos quedaron como espantaos. Después sentí dolor en las tripas y amargura en la boca por aquella rabieta. Con las pintas que llevaba, comprenderás que ya no podía hacer la vida de antes. Decidí hospedarme en un hostal. Allí observé cómo vivía la gente normal, huéspedes, transeúntes. Por el ajetreo, o no sé por qué, el petate, el soportal y los colegas de toda la vida salieron de mis pensamientos.

Cuando volví al banco, no me recibieron como el primer día. Las caras de los empleaos parecían de cartón, se habían quedao sin sonrisas. Me tuvieron esperando en un despacho más de media hora. Al final llegaron dos señores con mal gesto, como si en el carajillo de la mañana les hubiesen echao vinagre. Dijeron que eran policías. Me pidieron la documentación. Yo les di la que tenía, la del médico, que, por cierto, era cejijunto como yo. Tras examinarla, dijo uno que estaba detenío. Me llevaron a la comisaría y desde allí me trajeron aquí, al talego, donde llevo siete meses en prisión preventiva, pendiente de juicio; dicen que acusao de apropiación indebida y suplantación de personalidad, que no sé mu bien lo que es.

Así fue to, y to porque el destino me puso en un camino que no era el mío. Lo peor es que, aquí dentro, no soy nadie; y fuera, nadie me echa de menos. ¿Qué te parece? No digas ná, y vamos, que ya tocan fajina.

© Alejandro Pérez
Colección "Los cuentos mejor pensados". Inscritos en el Registro de la P.I.
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PUEDES LEER ESTE Y OTROS CUENTOS EN:

http://www.sociedaddigital.es/

55 comentarios:

Mari Carmen dijo...

Me fascina Alejandro, ver como eres capaz de reflejar una realidad cruda y dura como la que relatas, alejándote de los textos lacrimógenos.

“Lo peor es que, aquí dentro, no soy nadie; y fuera, nadie me echa de menos. ¿Qué te parece? “
Estoy de acuerdo contigo Alex, es lo peor que le puede pasar a una persona y, por desgracia, en esta sociedad, ocurre más de lo que creemos. Sólo tenemos que leer los periódicos y ver que hay personas que fallecen, sin nadie que se de cuenta hasta pasados unos días. ¡Hay tanta soledad y abandono!

Un beso.

Emilio dijo...

Ni el mejor Ignacio Aldecoa, que era un maestro del cuento "de la calle", de los ambientes márginales, de tipos ambulantes, hubiera escrito un relato así. Vaya pieza literaria te has "mercao" Alex. Un relato de oro, con la medida justa, y utilizando el castellano coloquial que emplea, en su versión hablada, gente que existe y no vemos, que está oculta detrás del manto gris de la marginalidad y el anónimato, la otra gente que hace la vida, a la que le toca la peor cara de la moneda.
Una pequeña obra maestra que demuestra el dominio del lenguaje y la fluidez y consistencia narrativa que tienes.
Vaya pedazo, valga la expresión, de escritor que eres. Gran, extraordinaria entrada. Profundidad, seriedad, ironía y perfecta descripción de tipos. No se puede pedir más Alejandro.

Anónimo dijo...

Hola Alejandro, me gustó tu cuento por varios motivos. A pesar de no ser un tema jocoso, lo haces muy ameno; aun sin dejar de poner en manifiesto lo que es la vida de los hombres de la calle.
El personaje -según mi criterio-está muy bien trabajado. Lo describes tal como son y como actuan.
Por tu forma de escribir me parece que eres español pero el lenguaje que usa es el de los bajos fondos y eso le dá pimienta. Me despido enviándote una gran felicitación.

Yolanda Barcarolo
Argentina

Alicia dijo...

Primeramente Alejandro gracias por el retorno al hogar. Esto me permite hoy desayunar un cafecito en tú casa. Espero que te gusten las madalenas que he traído. Me gusta venir a visitarte por qué es garantía de unos instantes de calidad y calidez. Me encantan las situaciones dónde estas dos palabras van juntas y eso ocurre en cuanto atravieso el umbral de tu posada.

Refiriéndome al relato voy a dejar hoy el aspecto literario para los expertos. No voy a hacer el intento de sacar peros dónde seguro que no los hay. Voy a dejarme llevar por la sensación que he sentido al leer.

En este relato creo que en vez de cerrarse el círculo concéntrico hemos saboreado una franja amarga de la espiral de la vida de bastantes ciudadanos anónimos a los que muchas veces miramos para sentir lástima, no para entender que pudo causar la situación en la que se encuentran.

La espiral empieza en el ventoso otoño de una celda. El protagonista nos relata el invierno en que continuamente se ha convertido su vida, no faltan detalles, borrascas, tormentas, nevadas,…Intentó recuperar la primavera de una forma ficticia. Pero no se dio cuenta que si las flores del campo se arrancan para ponerlas en un jarrón, acaban marchitándose y no generan más capullos. Intentó ser una flor arrancada de su entorno natural y esto le permitió saborear durante un breve periodo de tiempo las benevolencias del verano. Una galerna truncó momentáneo alejamiento de su realidad diaria, retornándole a un otoño aún más recio ya que el área barrida por el radio de la espiral de su vida cada vez es mucho más grande.
Alejandro, me ha pasado como al protagonista de tu relato. Por unos instantes en tú saloncito he disfrutado de la ilusión de intentar ser escritora y ahora vuelvo a la realidad de mi vida, bastante más afortunada que la de tú protagonista.

Gracias por la ternura que imprimes a todo lo que tocas. El siguiente café si te apetece lo tomamos en mi casa. Te haré un bizcocho de yogurt que es fácil y me queda muy rico.

Un fuerte y cálido abrazo

Alicia dijo...

Vuelvo por qué se me había olvidado la música.
Espero que os guste:

http://www.youtube.com/watch?v=JtVoW7Gz-Ow

Alicia dijo...

Perdona Alex.La última visita.

Para los que sois de francés, como yo, inserto la letra en castellano.

Es una canción para el optimismo.

LA MAÑANA HA ROTO

La mañana ha roto, como la primera mañana
El mirlo ha hablado, como el primer pájaro
Alabe por el cantar, alabe por la mañana
Alabe por el fresco renacer del mundo
Dulcemente la nueva lluvia de otoño, iluminada por el sol del cielo
Como la primera caída del rocío, en el primer césped,
Alabe por la dulzura del jardín húmedo
El renacer es completo por donde pasan sus pies
Lo mío es la luz del sol, lo mío es la mañana
Nacido de una luz, vieron la obra del eden
Alabe con júbilo, alabe todas las mañanas
La recreación de Dios del nuevo día

Besos

Anónimo dijo...

vamos ahi, ese tipo se parece a un amigo del colegio que se llamaba julio, acabó aparcando coches en usos multiples, cojo y sin dientes.
desde que llegaron los de la o.r.a. azul esa le quitaron la gorrilla y no se le ha vuelto a ver el pelo. a lo mejor tambien le tocó un boleto.
quien sabe.
saludos alejandro y enhorabuena, pero tienes que escribir mas a menudo, que se nos hace larga la espera.
salud.
el epifanito de monaco.

Dabid dijo...

Bravo, Maese Alejandro, la versión anterior que leí no me terminó de gustar y no sabía por que. Ahora lo se, es por el lenguaje, me parecía incoherente para un pordiosero (tonto de mi), pero ahora me doy cuenta que has construido perfectamente al personaje con su forma de hablar, su estatus social, su forma de ser, su situación y lo que más me ha sorprendido, su edad.
Bravo, maestro, me inclino ante usted.

"Bienaventurados los borrachos porque verán pasar dos veces a Dios."

Anónimo dijo...

Alejandro, muy agradable de leer tu cuento. Alguien puede pensar que tu personaje es poco creíble. Nada de eso, hay indigentes como tu los describes y hablan con ese lenguaje.
En el parque de enfrente de mi casa había un mendigo de los de dormir en un banco y el tetrabrik de vino; el vendedor de periodicos asegura que ese mendigo era un profesor al que le había vendido el periodico cada mañana durante años. Y he visto a la mendiga de la calle Princesa leyendo La comedia humana de Saroyan...ésta por cuestión de drogas.
Hay hombres separados que pierden la casa por quedarse con ella la ex y los hijos, sin familia y que va al paro y de la noche a la mañana les cambia la vida.
Pero por lo que dicen los trabajadores sociales, el alcoholismo y las demás drogas es lo peor.

Saludos
Ana María

Antonio dijo...

Estupendo Alejandro, me ha encantado la historia. Eres un gran narrador y además qué bien manejas las diferentes jergas, algo que a mi me ha parecido siempre muy dificil. Un abrazo y felices fiestas.

Alejandro dijo...

Gracias, Mari Carmen. Una vez más estamos de acuerdo, aunque en esta ocasión sea por un caso cruel. No hay nada peor para un ser humano que sentirse solo en la vida, ignorado por los próximos y por los lejanos. Y, si además, esa soledad está condicionada por las influencias del dinero, como es el caso, no sé si merecerá la pena ser racional, y sufrir el mal, o estar privado de la razón, para no enterarse nada.

Besos

Alex

Alejandro dijo...

Gracias, querido Emilio. Tus palabras me animan, casi me obligan, a seguir buscando las historias que no se ven. Nuestra obligación como escritores es huir de lo conocido, de los lugares comunes, y mostrar, como tú dices muy bien, a "la otra gente que hace la vida, a la que le toca la peor cara de la moneda". Esa gente, a la que no ponemos cara ni entendemos su lenguaje, porque no nos preocupa ni hablamos con ella, ha de ser la protagonista de nuestros relatos, de nuestras denuncias. Mostrándola así a esa sociedad generosa, a la que predica y no da trigo, verá el trabajo que nos queda por hacer, aquí, en la Gran Vía de Madrid, sin ir más lejos.

Un abrazo fuerte, como siempre.

Alex

Alejandro dijo...

Yolanda, te agradezco que vengas desde tan lejos a decirme que te ha gustado mi cuento. Eso, viniendo desde Argentina, donde hay maestros narradores excelentes, he de considerarlo como un lujo, que me motivará a la hora de mejorar y buscar esa calidad que nunca encontraré.
No tengo el gusto de conocerte; supongo que habrás llegado a mi blog por recomendación de algún amigo común, del club de lectura, del taller o del foro. Siempre serás bien recibida por estos lares.

Agradecido, recibe mis saludos más cordiales.

Alejandro

Alejandro dijo...

Alicia, agradezco tu visita, como siempre, y me alegran esas palabras de confort que dedicas a mi posada, humilde, donde voy poco a poco colgando cuadros para que parezca más bonita y acogedora. Así mis amigos y amigas os sentiréis más cómodos. Y ahora más, con esa música tan maravillosa que me has traido LA MAÑANA HA ROTO -Has Broken-), con letra en castellado para mejor disfrute. ¡Genial! Genial ha sido la lectura de ese relato paralelo que haces en espiral, cuajado de metáforas y simbolismos que descubren otros escenarios, con distintas sensaciones pero idéntica historia subyacente: la de esa pobre gente que tiende la mano en la acera, a la que no miramos para nada y menos para hablar y preocuparnos por los orígenes de su indigencia, como dices.Una duda que no despejaremos, porque es más fácil, justificar nuestra indiferencia diciendo que están como están por voluntad propia. Mentira, salvo alguna rarísima excepción. Así somos.

Oye, Alicia, ¡qué maja eres! Estas magdalenas que has traido están riquisimas, esponjosas, alimonadas, rebosantes y con buen punto de cocción en horno de leña. Lo peor es que van a quedar muy pocas, y ahora, con la que nos espera en estos días, verás los kilos. Menos mal que ese bizcochito de yogur que quieres hacer será más ligero ¿verdad? Nos vendra bien, a mi por lo menos, para quitarme algunos gramos, porque luego seguiremos con las sesiones grastronómicas ¡eh! La siguiente, después del bizcocho, será otra vez aquí, en mi casa, una merienda, a base de lomo y chorizo de la orza, que acabo de freir y poner en aceite. Lo regaremos con vino de cosecha propia, uno un poco abocado que me regala un amigo de El Barraco. Si te parece bien podemos invitar a algunos amigos, sequro que Mari Carmen y Emilio se apuntan.

Así que ya lo sabes, Alicia. Tómate esta copita de orujo para que no "rompa la mañana", o si rompe, que sea con bien. Yo voy a ir recogiendo, y guardaré ya las magdalenas para que no se acaben.

Hasta el bizcocho; y mientras tanto, besos.

Alex

Alejandro dijo...

Querido Epi, qué alegría me da verte por esta casa, que es la tuya y puedes visitar siempre que quieras. Sabes que agradezco mucho tus comentarios, y hasta que me animes a compartir más trabajo. También te agradezco la idea que me regalaste el otro día de esos dos personajes madrugadores. Creo que a uno le conozco, andaba retirado de los morapios, no sé si se habrá reincorporado. Ya te contaré.

Cuida bien los viñedos, y tú recibe un abrazo de este amigo que te aprecia.

Alejandro

Anónimo dijo...

¡Qué bueno, Alejandro! Ahora comprendo tu silencio. Veo que en esa "ausencia" has trabajado mucho y bien. Ya sabes que intento aprender de ti, pero leyendo relatos como éste, compruebo que aún me queda mucho por recorrer hasta llegar a tu altura.

FELICIDADES, Alex. Mereces triunfar en el mundo literario, como los grandes... PORQUE TÚ LO ERES.
Un beso,

Mila

Alejandro dijo...

David, me alegro que hayas entendido al protagonista del cuento y su idiosincrasia, y que no te hayas perdido con el lenguaje de los borrachos, esos que según tú erán "Bienaventurados porque verán pasar dos veces a Dios". Tu sabes, David, que los "sintecho" constituyen un colectivo poco comprendido. Ellos no tienen la culpa, es el poder y la sociedad en general quien no hace nada, o muy poco, por conocerlos.

Un abrazo, querido amigo.

Alejandro
P/D: El blog de David:
http://www.hostalcloroformo.blogspot.com/ ¡Tenéis que verlo!

Alejandro dijo...

Gracias, Ana Maria, por entrar en el blog y leer mis cosas. Me alegro que te hayas identificado con la historia y sacado del texto al protagonista para pasearlo por la Calle de La Princesa o por el quiosco que periódicos. Ahora sé que mi indigente no está solo, y también sé que alguien como tú conoce un poco la vida de estos marginados. Sabes que, además de dormir en la calle y pedir, también leen. ¡Gracias!

Saludos cordiales.

Alejandro

Alejandro dijo...

Antonio, ¿cómo me dices esas cosas? Tú si que eres un narrador de primera. Te atreves con personajes del medievo de toda corte y catadura: lo mismo haces hablar a los reyes, que a los condes, a los frailes, a las prostitutas o a los taberneros. Te paseas igual por los salones del más rico palacio que por cualquier intemperie, para vivaquear sin luz ni cobijo, igual te da El Soto de Móstoles que allende Los Pirineos.

Gracias por todo, Antonio.

Un abrazo.

Alex

Alejandro dijo...

Mila, agradezco tus palabras, bien lo sabes. Y sabes también que en esta práctica de escribir, el trabajo, el trabajo, el trabajo y el trabajo, otra y mil veces más, es la única receta que nos acercará a lo que nos proponemos. Sin embargo, no siempre tendremos capacidad suficiente para conseguirlo. Nosotros, tú y yo, hemos tenido maestros estupendos, a quienes no podemos defraudar. Tendremos que seguir y no rendirnos en el intento.

Yo también estoy deseando leer tu próximo trabajo.

Besos.

Alex

Mari Carmen dijo...

Alex, me alegro de ver, que además de traernos un magnífico texto, has vuelto con la energía recargada y, sobre todo, con tu gran corazón y buen humor.
¿No te duelen los dedos? Tenías mucho trabajo acumulado.

Un beso, nos hacías falta.

Alejandro dijo...

Sí que tenía, Mari Carmen, sí. Es que no os puedo dejar solos. Me voy un finde y hay que ver lo revoltosos que os ponéis. No paráis, y así, pues claro, ahora mira, a pagar todo el peaje de una vez, a fregar todos los platos juntos.

Me encanta que seáis así de traviesos, me encanta teneros cerca y compartir las alegrías que no se pueden disimular, y las penas que disimulan los silencios. Gracias, gracias...

Besos

Alex

Anónimo dijo...

Hermoso cuento, Alejandro. Maravillosa muestra del habla popular, una lección de español de la calle que no cansa.

He leido también el cuento de los caracoles, igualmente de primera clase, como el de los tragos de la vida.

Cordiales saludos.

J. Fraguas
Buenos Aires

Alejandro dijo...

Amigo Jorge, las cosas que hacemos, la vida que construimos día a día, sólo es maravillosa si en nuestro quehacer ponemos lo mejor de nosotros mismos, ofreciéndolo en beneficio de los demás. En ello no importa la herramienta que utilicemos, ni el material con el que modelemos nuestra obra, importa la intención que ponemos en ello.

Gracias por leer y comunicarte.

Alejandro

Anónimo dijo...

Hola Alejandro. Me gustó tu cuento y la pintura que das a un hombre que vive en la indigencia. Me gustó el modo de hablar, me resultó muy ameno y emocionante a la vez.

Saludos

Aida.

Alejandro dijo...

Gracias, Aida, por leer el cuento y tomarte la molestia de escribir un comentario. Sé que viniendo de tí eso es muy importante, sobre todo por las valores que haces desde el criterio tan exigente que siempre me has demostrado.

Saludos cariñosos.

Alejandro

Francisco López Martinez dijo...

"El camino que no era"

Estimado Alejandro: Sencillo, bien escrito e interesantísimo relato. Me has recordado a Pérez Galdós en su libro "Misericordia". Además, con una ética envidiable. Cualquier clásico hubiese firmado tu narración. Enhorabuena. Un abrazo. Francisco López Martínez

Alejandro dijo...

Gracias, Francisco. Eres muy amable dedicándome tu valioso tiempo poético. Te agradezco tanto tu lectura como el comentario que dedicas a mi cuento. Sólo es un destello de la historia imaginada de un personaje, imaginado también, que representa muchas realidades.

Un abrazo.

Alejandro

Alamedos dijo...

Hola Alejandro!

Te acabo de colgar el cuento en sociedaddigital.es. He aprendido mucho leyéndolo, me parece que tu forma tan desnuda de artificios para definir la realidad se acerca mucho a lo periodístico. Te invito a que te des una vuelta por mi blog, que no es de literatura, pero espero al menos que te haga gracia.
www.carlosalameda.worpress.com

Un abrazo fuerte!

Alamedos dijo...

Hola Alejandro!

Te acabo de colgar el cuento en sociedaddigital.es. He aprendido mucho leyéndolo, me parece que tu forma tan desnuda de artificios para definir la realidad se acerca mucho a lo periodístico. Te invito a que te des una vuelta por mi blog, que no es de literatura, pero espero al menos que te haga gracia.
www.carlosalameda.worpress.com

Un abrazo fuerte!

Anónimo dijo...

Felicidad, querido Alejandrito. Ahora que tienes esto tranquilo aprovecho para escribirte estas letras. Te prometo que leyendo tu cuento me he sentido pobre. Me he sentido alegre repartiendo sonrisas con los colegas, también me he sentido enfermo de verdad, y asquerosamente rico y he pasado hambre y he olido a botica y a orines de gato y hasta que me he sentido en la carcel de verdad. Qué bien lo haces, puñetero.

Un abrazo de tu amigo, Luis Martín.
(P/D: Por error este mismo comentario te lo he puesto en el cuento anterior, perdona. Creo que no tendrá importancia)

Santiago Solano dijo...

Estimado Alejandro.

Acabo de leer este camino tuyo y me has dejado boquiabierto. Como dice nuestro común amigo Emilio, a lo Aldecoa, que mira tú que es difícil; y peligroso, que las malas voluntades siempre están cerca.

Felicidades, amigo.

Alejandro dijo...

Querido Carlos, no sabes qué alegría me ha dado verte por este rincón literario, después del paréntesis navideño, lleno de turrones y de los fríos cálidos de nuestra tierra. Considérate como en tu propia casa. Te agradezco doblemente (por lo de la duplicidad)hayas puesto mi cuento en el periódico http://www.sociedaddigital.es/ y agradezco también la invitación para pasarme por tu blog http://carlosalameda.wordpress.com/about/. Me ha parecido muy interesante. Seguro que será muy seguido por tus lectores, no en balde eres un peridista de raza y de buena casta. Entre los personajes gloriosos (hasta ahora del deporte) que has invitado en tu espacio, me gustaría ver un día a alguien muy importante en el mundo de la cultura, de la comunicación y la investigación: Don Maximiliano Fernández. Creo que lo conoces, pero, si no, te lo puedo presentar.

Un abrazo, campeón.

Alejandro

Alejandro dijo...

Amigo Luis, aunque no te prodigas haciendo uso de la palabra en estos lares, sé que me sigues. Me emocionas cuando te conviertes en el calco de mis personajes. Eso es sólo porque nos une el aprecio y la admiración mutua desde hace muchos años.

Gracias por venir. Un abrazo.

Alejandro

Alejandro dijo...

Querido Santiago, tu visita, estando siempre tan ocupado, me honra. Te agradezco la lectura de mi cuento y que me recuerdes los peligros y la dificultad que plantean las malas voluntades. El mundo, la vida, está llena de eso.

Agradecido, recibe un abrazo

Alejandro

Enrique Gracia Trinidad dijo...

Gracias, Alejandro, por este relato. Es sencillamente magnífico.
Cuantos afamados debieran aprender.
Enrique

Alejandro dijo...

Gracias, Enrique. Si la opinión de cualquier lector es importante, la tuya, por tu categoría sabia de hombre de letras, sabe mucho mejor.

Un abrazo,

Alejandro

Manuel dijo...

Querido Alex: ¡Es realmente genial!.

Tanto así que a una belleza como la que has escrito (con permiso de Alicia) lo que creo que le pega es esa maravillosa canción de Serrat, "La aristocracia del barrio".

Tal cual, de veras. Y es que "lo que es, es", y hay formas de vivir que no pueden encerrarse entre sábanas limpias y barbas afeitadas.

Gracias por el buen rato que me has regalado esta mañana. Nos vemos pronto.

Alejandro dijo...

Querido Manuel, tu visita me ha alegrado la tarde, esta tarde perra de frío, donde la "Aristocracia del barrio" no encuentra rincón ni cobijo para pasar el rato. Mal se pone la noche para quienes no son capaces de dormir con manta, edredón de plumas y sábanas limpias, aromadas con suavizante de rosas. Habrá que ver cuando sean "las dos o las tres", que diría Sabina, y caiga la manta de hielo que se anuncia.
Qué grande eres, Manuel. No lo digo por los 58, sino por esa capacidad que tienes para evocar recuerdos, siempre gratos y emotivos.

Un abrazo fuerte.

Alex

Emilio dijo...

Es tremendo creerse que "nuestro mundo" es el mundo, ya lo he dicho en alguna ocasión...vuelvo a releer tu relato porque he visto la calle llena de nieve y he sentido el frío a pesar de la calefacción, aquí, en casa, destilando un triste catarro...qué no hubiera sido pasarlo en prisión...o en una chabola de latón y uralita en las afueras de cualquier ciudad...Es evidente que los Eneros no son igual para todos y, aunque cada uno lleva su cruz, hay cruces que son de hierro macizo.
Lo bueno de tus relatos es que no dejan indiferentes, no sólo cuando los lees por primera vez, sino que ahondan en el sentimiento y en la mente cada vez que los retomas. Es que tú eres así. Capaz de recoger la vida a paletadas, la de todos, y luego regalarnos su significado. Es tu don de escritor y tu virtud de ser humano.
Un abrazo.

Emilio

Anónimo dijo...

¡Hola Alex! ¿Se puede? Traigo unos bombones que he cogido de la mesa de tu vecina, para catar ese maravilloso caldo del que tan bien se ha hablado. Paradójicamente, al salir de casa de Carmen, he dejado un hombrecillo que lucha por no perder su tiempo y, al entrar en tu casa, me encuentro otro que pierde el tiempo por no luchar contra la justicia o la injusticia. Una horma que le va demasiado grande a sus zapatos.

Querido Alex, qué cierto es que unos nacen con estrella y otros estrellados ¡Pobre inocente! ¿No le ha dado demasiados palos la vida que le siguen dando más? ¿Por qué el tiempo se empeña en seguir siempre el mismo orden: pasado, presente, futuro? De vez en cuando ya podría alterar el orden de los factores, cambiando así el producto, sobre todo para tu hombrecillo. ¡Qué más quisiera él haber visto el futuro, para vivir el presente, cambiando así el pasado!

Alex excelente caldo, mantendré en mi memoria gustativa, este grato sabor que ha dejado en mis papilas, en espera de poder catar otro de tus deseados caldos.

Es un honor que me hayas dejado entrar en tu casa.
Gracias y besos.

Toñi

Alejandro dijo...

Querido Emilio, gracias por volver. La vida es como no es, y la Literatura nos permite pintarla como nos la imaginamos, que, a veces, no conseguimos llegar ni a una pincelada que imite el color de la realidad: cruda, cabrona y fría. Igual que la calle nevada y el mundo lleno de fiestas (las llaman cumbres) de políticos que se reunen para quitar el hambre a los menesterosos. Ellos, los salvapatrias, se hartan de caviar y los bocatas de mortadela se pierden antes de llegar al hambriento porque, dicen, no están documentados y carecen de residencia fija. ¡Qué cruz, de hierro macizo -como tú dices-!

Un abrazo fuerte

Alex

Alejandro dijo...

Querida Toñi, adelante, estás en tu casa, ven siempre que quieras. Eres bien recibida y obsequiada con los caldos y las magdalenas o lo mejor que tenga en mi despensa. Con visitas así, como la tuya, uno no puede dejar de preocuparse por el aposento ni de maquinar historias de personajes ajados por la sociedad insolidaria, por la justicia que sólo es justa con los chorizos pringados que tienen cartera para comprarla.
Saluda a Mari Carmen, y a Alicia. Cuando vuelvas traetelas. Será un placer recibiros.

Besos

Alex

Mari Carmen Azcona dijo...

¿Ves Alex como no te engaño? Tenía razón o no en decirte que Toñi era el número uno de tus fans en Bilbao. Vamos a tener que buscarte un chalet con una gran despensa, porque tu número de invitados sigue creciendo como la espuma.

Un gran abrazo.

Rosa dijo...

Querido Alejandro, me asomo despacio a tu blog y he sentido lo mismo que tu personaje con su cupón premiado... Lo mejor de todo, es que no va a llevarme la poli por disfrutar de mi suerte al leerte. Es realmente bueno. Me ha encantado. Mira que escribes bien.
Un abrazo enorme y mi admiración mas sincera

Alejandro dijo...

Mari Carmen, qué estupenda eres. Ya sé quien tiene la gracia -mucha más que yo- para conseguir que toda el agua del Nervión y hasta el de la Ría pase por mi molino. Siempre te estaré agradecido. Debes saber que no necesitas esfuerzos para contar con mi aprecio. Lo del chalecito habrá que verlo, sí. Miraremos por Las Arenas o Zarauz... ya veremos. Que cosas se te ocurren, pero no dejes de venir. En esta casa hay de todo.

Besos

Alex

Alejandro dijo...

Gracias, Rosa, por levantar tu mirada y acercarte por quí. Sabes que yo yambién te aprecio, me conmueven tus versos y me felicito por compartir emociones y vivencias, aunque sea a través de nuestros personajes, de nuestras escenas y ese sentimiento que expresamos y recibimos, en continua comunicación, de cuanto nos rodea.

GHracias, otra vez. Besos.

Alex

Nelken Rot dijo...

Solo decirte que inaugures el 2010 con tu escritura hermosa y bien trazada. El relato tiene un ritmo fantástico y es como la vida y el juego del SOLO, que cuando te piensas que vas ganando, van y te quitan las cartas. Un placer leerte, regálanos un poquito más.

Besos

Nel

Alejandro dijo...

Gracias, Nel, por compartir tus creaciones, maravillosas, como ya he dicho en alguna ocasión; y gracias también por participar de mis entradas y transmitirme ánimo y ganas. Te haré caso.

Besos,

Alejandro

Anónimo dijo...

¡Hola alex! Después de lo sucedido en haití, me ha venido a la cabeza otra vez tu hombrecillo.
Como te dije; unos nacen con estrella y otros estrellados,cada vez estoy mas convencida.
Aquí se repite otra vez “la historia de personajes ajados por la sociedad insolidaria”.¿Por qué
le cae siempre a los mas pobres?. Espero que a los gobiernos, estas catástrofes les hagan reflexionar de una puñetera vez y que de una puñetera vez, la justicia que solo es justa con los chorizos con pasta, lo sea con los mas necesitados.
Bueno alex, aunque con cicatrices cada vez mas profundas en nuestro corazón , la vida sigue, y
cambiando de tema... he visto que entre tus propósitos, está ampliar tu hogar aquí en el norte.
Cuando te decidas,no dejes de pasar por Bilbao, te mostraré encantada la ciudad y por supuesto, la caseta de nuestro perrito Puppy, "El GUGGENHEIN" ja,ja,ja.
No sé...¿por qué me habrá venido a la cabeza el número 50?.
Besos
Toñi

Anónimo dijo...

Alex perdona,con tanta conmoción no he pronunciado tu nombre con el debido respeto.

Besos
toñi

Alejandro dijo...

Querida Toñi, gracias por volver a visitarme y por seguir viendo en mi cuento la realidad cotidiana, que, por incomprendida y difícil, nos resulta casi inverosimil. Mientras haya ricos y poderosos en el mundo no quitaremos de nuestras aceras a los pobres que piden. Algunos todavía creen que dando nunca se harán ricos. ¡Qué equivocados están! Claro, como no prantican eso no experimentan la satisfacción de tener. Estoy convencido (aunque sólo sea por llevarles la contraria) que el que más da, más tiene, porque recibe más. Hay un refrán popular que dice: "Manos que no dáis ¿qué esperáis?". Pues eso.

Lo de prolongar la casa hasta el Norte, todo se andará, aunque no creas que estoy tan lejos. Algún día lo sabrás. Me ha hecho gracia eso de la caseta de vuestro perrito Puppy, "El GUGGENHEIN" ja,ja,ja.

Vuelve cuando quieras. Besos

Alex

Anónimo dijo...

Querido Alejandro,
aunque te escriba en el apartado de este cuento, no significa que sea éste el que más me guste, ni el que menos... No podría elegir sólo uno, todos son igual de buenos por muy distantes o diferentes que parezcan. Y no podría, aunque te lea siempre, dejarte comentario cada vez que lo haga... porque siento que cualquier comentario, expresión o pensamiento que pueda plasmar, se queda corto para todo lo que tú eres y todo lo que tú escribes...
Mil gracias por todo y un abrazo muy grande.
Saludos a los otros "blogeros" a los que también leo.
Con cariño,
Pinta Corona.

Alejandro dijo...

Gracias, Pintita, por estar siempre ahí. Ya sé que me leéis siempre más allá del otro paralelo. No te gustarán todos los cuentos, unos te gustarán más que otros. Así tiene que ser. Lo que ocurre es que el cariño contenido hace que opines así, como lo haces, de este pobre cuentista que le puede la realidad de los que menos tienen.

Besos.

Alex

Anónimo dijo...

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